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RT-
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RUTA VERDAGUER
JACINT VERDAGUER I
SANTALÓ
(poeta-excusionista)
Introducción

Estatua dedica
a Verdaguer en los Jardins
Mossèn Cinto
Verdaguer de Barcelona
(foto J.M. Jerez)

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Practicamente
nadie pone en duda que Jacint Verdaguer ha sido el poeta más
grande de la "Renaixença" y el que mejor ha conectado
con el pueblo catalán. Esta afirmación queda demostrada
por el gran número de calles, parques, estatuas... que en Catalunya
se le han dedicado.
Pero fuera del mundo de la montaña, e incluso dentro mismo
de este mundo, poca gente conoce la dimensión de la actividad
excursionista que Jacint Verdaguer llevó a cabo a lo largo
de su vida.
Es por ello que en este resumen biográfico se ha querido diferenciar,
incluso destacar, la gran labor excursionista de Jacint Verdaguer,
ya que este aspecto tan importante de su vida queda enmascarado dentro
de la gran cantidad de datos que referencian su vida literaria o eclesiástica
en cualquier biografía que se consulta.
Una vez más quisiéramos reivindicar para Jacint Verdaguer
el apelativo que a menudo se le ha dado desde las filas excursionistas:
"poeta-escursionista" y que raramente aparece en los escritos
que nos hablan de él. |
Verdaguer
y la imagen de la montaña
Artículo de
Francesc Roma i Casanovas
Traducción al castellano: J.M Jerez
Indiscutiblemente,
Jacint Verdaguer está entre los excursionistas de más renombre
de nuestro país. A pesar de la imagen de poeta con sotana, conservador
y ramplón con que, hoy día, mucha gente se lo imagina.
Es cierto que no fue un gran deportista. Pero no podemos dejar de evocar
algunas de sus excursiones para darnos cuenta que "feia més
muntanya" que la mayoría de los consocios de las entidades
en que figuraba. Verdaguer ingresó en la Asociación Catalanista
d'Excursions Científiques, precedente del actual Centre Excursionista
de Catalunya, el año 1878, dos años después de su
fundación. En su práctica montañera, Verdaguer pisó,
antes que muchos otros, las cimas de Canigó, Puigmal, Carlit, Montsent
de Pallars, Montardo, Montcalm, Pica d'Estats, Maladeta..., todos ellos
nombres que evocan los techos más emblemáticos de "nuestro"
país. No en vano se le atribuyen las primeras catalanas a la Maladeta
o a la Pica d'Estats. En el sentido deportivo, Verdaguer se alinea con
Norbert Font i Sagué (1874-1910) o Jaume Oliveres (1877-1957),
personajes como él pertenecientes al mundo eclesiástico
que no se abstuvieron de llevar a término gestas puramente deportivas
(el primero en el mundo de la exploración del subsuelo y el segundo,
en el de las altas montañas).
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Pica del Canigó
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Ahora bien, todo y que en cierta mesura lo practicase, Verdaguer no se
puede considerar un pionero del alpinismo. Sus idas y venidas a la montaña
tienen otro sentido que podríamos calificar de excursionismo científico,
eso si, con muchas reservas, porque, tal como Verdaguer entendía
esta práctica, no tenía nada a ver con aquel excursionismo
que, en opinión de Jordi Martí , buscaba un ejército
de trepadores a las órdenes de los primeros hombres de ciencia.
Esta forma de entender la práctica montañera es más
propia de personajes como Norbert Font i Sagué, por ejemplo.
Verdaguer se nos presenta como un personaje que necesita el contacto con
el mundo natural para expresar lo que siente a través de la escritura.
Si alguien piensa que se le puede calificar de científico, es porque
cree que su excursionismo no era, como se dijo más adelante, el
de un traga-kilómetros.

La alta montaña no muy bien vista
Escritor
vinculado al movimiento romántico, para quien incluso les ruinas
hablaban de la muerte, Verdaguer sentía la montaña que pisaba
y amaba. A demás, como dijo Josep Iglésies, tenía
un conocimiento del Pirineo muy superior al que pudieran tener todos los
excursionistas barceloneses de su momento juntos.
A grandes rasgos, nuestro poeta compartía con los primeros excursionistas
una imagen muy precisa del entorno. Preocupados más por la realidad
humana que por el medio natural, el primer excursionismo no entendía
ni admiraba la alta montaña. Tenemos un muy buen ejemplo en el
mismo Verdaguer: el Agosto de 1883 anota en su cuaderno de viaje que desde
la cima del Montcalm. "El espectáculo es triste: rocas blancas
hieren la vista por todas partes, manchadas de heleros más blancas
aún; algún lago en la vertiente de las sierras (...)".
Este adjetivo -triste- será utilizado por otros excursionistas
para calificar algunos lugares montañosos, incluso en un momento
tan tardío como los años ochenta del siglo XIX -un caso
muy paradigmático es el de Francesc Maspons i Labrós (1840-1901),
presidente del Centre Excursionista de Catalunya.
Desde el Sotlo,
a la izquierda el Montcalm, a la derecha, de izquierda a derecha:
Pic Verdaguer (3131 m), Pica d'Estats (3143 m) y Punta Gabarró
(3115 m)
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Desde
el Montcalm, Verdaguer contempla las sierras del Pallars, de l'Arieja,
de la Cerdanya, del Cadí y del Canigó, y lo importante es
que, a pesar de haber estado en ellas, las califica de tristes, una tristeza
que sabemos que se produce a causa de la falta de vegetación. Esta
causalidad se ve muy clara cuando, en un escrito de pocos días
después, sube al circo de Pessons (Andorra) y anota: "Cabalmente
las sierras del entorno no enseñan al viajero más que canchales,
más secos y tristes que los del valle, ya en este hay algunos pinos,
muchos rododendros y alguna mancha de tierra con que cubren su desnudez
las piedras balirenses, que allí tienen, sin duda, su más
abundante cantera, ya todo aquello es granítico, como allí
tiene origen el Balira".
Verdaguer fue uno de los primeros personajes catalanes que caminaron por
un Pirineo verde y húmedo y que fueron capaces de admirarlo, pero
eso no quita que se sintiese un poco "desorientado" cuando se
enfrentaba a la alta montaña -desorientado desde nuestro punto
de vista actual. Mosén Cinto, al menos en la intimidad de sus cuadernos,
antes que las cimas, prefería las riberas arbolada de los ríos
y los campos de trigo de los valles pirenaicos. En el primer sentido,
comentamos que bajando de la Seu hacia Organyà, Verdaguer escribe:
"Verdaderamente los ríos embellecen sobre manera los países;
esas montañas, desnudas en gran parte, rocosas y calcáreas,
reciben del Segre un aliento de vida que las enardece, y, con la faja
de verdor que extiende el río aurífero a sus pies, son toda
otra cosa".
La estima por los campos cultivados se puede ver también en una
descripción de la Cerdanya: "Veo esta hermoso llano de Cerdanya
por tercera o cuarta vez, y nunca me había parecido tan bella como
hoy, que la he contemplado a la luz del sol, que se hunde tristemente
detrás de la montaña de Maranges. Los segadores están
en la plenitud de su penoso trabajo ¡Cuánta tarea han realizado!
(...) El sol, que se pone en un cielo sereno como unos ojos de doce años,
baja sus últimas luces en el encantador llano, y la rubicundez
de los trigos crece y se dora y sobredora con la rubicundez de sus rayos
(...)".
Verdaguer
y el descubrimiento del paisaje
De origen rural, Verdaguer -como la mayoría de los primeros
excursionistas- admiraba la tierra capaz de dar frutos y amaba aquellos
que tenían en ello su oficio. Pero el último cuarto del
siglo XIX, cuando Verdaguer efectúa la mayor parte de sus viajes
a zonas montañosas, se produce en Catalunya una gran presión
sobre les masas forestales y los espacios naturales. El retroceso del
bosque y el avance de las nuevas artigas que se producen en aquel momento
no ha tenido comparación en la historia de Catalunya. En aquel
contexto, para la mayoría de la gente de nuestro país -rural
y urbana- era agradable aquello que producía alguna cosa, especialmente
si, como en el caso de la agricultura, se podía hacer que diera
frutos lo que antes había sido considerado como la nada -montañas,
bosques, desiertos, etc. En medio de todo ello la voz de algunos excursionistas
catalanes está entre los primeros clamores para la gestión
más cuidadosa del medio ambiente y la protección de las
superficies forestales. Entre ellas, el mismo Verdaguer que, el verano
de 1883, hablando del Cadí, deja sentir claramente esta estima
por el mundo forestal: "Toda la sierra es de piedra de cal, que los
temporales y lluvias van deshaciendo y arrastrando a los valles. La vegetación,
en algunos puntos, siempre ha sido nula; en otras ha sido exterminada
sin piedad por la codicia del gobierno, la mayor parte, o de los propietarios,
que, para ganar cuatro cuartos, han dejado hacer en sus bosques una talada
que será la última, ya que han dejado la tierra desnuda,
que el agua va derrubiando y llevándose pendiente abajo, dejando
ver desnudos los huesos de la sierra. No solamente le quitan la riqueza
a nuestro desgobernado país, sino la esperanza de volverla a tener,
la belleza y atractivo, convirtiendo un paraíso en un arenal, de
donde los habitantes ya van huido, por no poderse ganar la vida en él.
Los que esto causan o esto permiten son merecedores del nombre de ladrones
y homicidas, si ninguno lo es".
El arenal, pues, se convierte en improductivo, pero también desagradable
(por la falta de belleza y atractivo); no puede formar parte del paisaje,
si, como en la mayor parte de nuestros trabajos, entendemos por paisaje
una forma de relación con el medio natural en que éste es
percibido como una cosa bella, agradable, amena, etc. Para Verdaguer,
la riqueza y la belleza desaparecen de una montaña desforestada
y de aquí que sea preciso tomar algunas medidas (que él
mismo no explicita).
En este contexto, algunos autores propondrán la repoblación
forestal, otros la creación de zonas protegidas, unos terceros
recorrerían el país con intención de escalar sus
montañas... Todos juntos, pero, valoraban positivamente aquello
que hacia relativamente poco había sido despreciado y aniquilado.
Y, en este proceso de estima -medioambiental y estética- por la
montaña, Verdaguer jugó un papel esencial.
El papel de Verdaguer resulta esencial porque, a través de su literatura,
actuó de manera inconsciente sobre los deseos de sus coetáneos.
En este sentido, al popularizar la imagen de la montaña catalana
que los Jocs Florals habían establecido, se convertía en
un puente entre las clases más humildes y los sectores de literatos
de nuestro país. A través de la literatura de Verdaguer
y del impulso que esta supone de cara al descubrimiento real de los lugares
que evoca, mucha gente ha podido conocer nuestra realidad montañera.
Ello está bastante claro a partir de los últimos años
de su vida, especialmente a raíz de la ruptura con la familia Güell
y de su confinamiento en la plana de Vic. Su "defensa propia"
le convirtió en un personaje conocido de casi toda Catalunya, como
quedó patente el día de su muerte. Des de aquel momento,
aún que no hubiesen leído sus obras, mucha gente de nuestro
país sabía que había unos lugares que se llamaban
Canigó, Montserrat, Montseny, etc. Y ello incitó a las nuevas
generaciones, cada vez menos vinculadas al viejo modelo excursionista,
a descubrirlas in situ. De hecho, la muerte de Verdaguer coincide con
el giro más importante que ha sufrido nuestro excursionismo de
antes de la guerra: la apertura plena al marco montañero y al medio
natural (el excursionismo, hasta entonces, había sido una cuestión
más propia de folkloristas, historiadores, artistas y literatos).
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Montseny, las
Agudes desde la ermita de Sant Martí
(foto: J.M. Jerez)
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Formalizando
nuestra mirada
Josep Iglésies escribió que mucha gente va (o quizá
mejor, iba) al Canigó impulsados por la lectura del poema de mosén
Cinto. En un sentido análogo, hoy día sabemos que Verdaguer
elaboró algunas de las imágenes a partir de las cuales el
siglo XX ha descodificado nuestro medio montañero. Ciertamente,
no fue el único, pero quizás si el más importante.
Así, el año 1892, Josep Aladern reconoce que el paisaje
de los alrededores del Collado de Nargó le parecen "una decoración
del Guillermo Tell" , es decir, una obra de teatro los decorados
de la cual habían inspirado las pinturas murales del Liceo después
de la reconstrucción posterior al incendio de 1861 (esta pintura
l'había hecho Joan Vicens i Cots (Barcelona 1830-1886), escenógrafo
y profesor de Llotja). En el mismo sentido, cuando llega a la Seu d'Urgell
y los alrededores de la población se le hacen pintorescos, su misma
visión le lleva a recordar el Canigó de Verdaguer. Verdaguer,
pues, le había proporcionado un modelo, de una "geografía"
para interpretar el lugar.
A este proceso
de proporcionar modelos estéticos y normativos para descodificar
nuestro medio ambiente lo llamamos formalización, porque, desde
el punto de vista fenomenológico, es el que da la forma apropiada
a la realidad. Pues bien, seguramente Verdaguer fue uno de los agentes
más importantes en la institución de la nueva mirada paisajística
en nuestro país.
Este proceso de formalización de la mirada queda muy claro en el
tópico que el primer volumen del "Album meravella" utilizaba
para hablar del Montseny (y, de rebote, de Montserrat), porque en su texto
se hace patente la conciencia del papel de constructor de miradas que
Verdaguer jugó: [El Montseny] "Es una montaña venerable,
más o menos, como el Montserrat: estuche de patrios afectos desde
que Mosén Cinto la cantó, y nido de bellezas naturales no
superadas y a menudo cubiertas con la blanca cabellera de la nieve".
Verdaguer, tal como muestran estos ejemplos, contribuyó sobremanera
a fijar algunos de los tópicos que aún hoy día aplicamos
a buena parte de nuestro medio montañero. Si Montserrat, en afortunada
expresión de Jordi Martí, es o ha sido nuestro hogar místico;
el Montseny, un símbolo de longevidad y el Pirineo, la preservación
de la raza, en buena parte, fue Verdaguer quien fijó muchos de
estos tópicos. O, si no, a través de la poesía de
mosén Cinto, Catalunya tubo a su disposición unos nombres
que excitaban su curiosidad y le llamaban la atención. Verdaguer,
poniendo nombres a las cosas, describiendo algunas, convidaba a visitar
y a re-visitar; a ver y a reencontrar una parte del país.
Montseny, cruz
de Matagalls (foto: J.M. Jerez)
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Montserrat, cruz
de Sant Miquel (Foto: J.M. Jerez)
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En este
sentido, su papel medial fue muy importante. En otro lugar hemos demostrado
que el primer "jocfloralisme" era poco dado a las montañas,
aunque fuese el propulsor de la idea de montaña catalana. Si posteriormente
el sentimiento de la montaña por ella misma fue desarrollándose
se debió, en buena parte, al papel que jugaron los excursionistas.
Y quizá el más importante de todos sea, precisamente, Verdaguer.
No olvidemos que existió una importante relación entre los
Jocs Florals y las primeras entidades excursionistas, homenajeando los
autores premiados, o dotando de premios los juegos, sin tener en cuenta
la coincidencia que había en muchos de los personajes que dirigían
ambos hechos.
Pieza clave
en este estrellato sería la figura de Jacint Verdaguer. Su Canigó
es una obra de 1886 en la que la historia, las tradiciones, las leyendas,
la geografía y los hechos naturales se mezclan adquiriendo forma
de poema. En la obra de este "geógrafo poeta" , el mundo
pirenaico está bien presente. Lo mismo podríamos decir de
Montserrat, la plana de Vic, etc. Verdaguer conoce muy bien Catalunya,
sus costumbres y tradiciones, conoce, nos dice un comentarista de la su
obra, "(...) la Catalunya de las montañas, que es catalana
de veras (...)" . Su primer y principal maestro habría sido
la naturaleza. Pero el paisaje que Verdaguer amaba estaba pintado de verde
y de humedad, de ruinas y de tradiciones familiares. Los canchales de
la alta montaña se le antojaban tristes.
Aún con todo, su obra fue muy importante al poner nombres a lo
indecible, en despertar el interés por los lugares hasta entonces
innominados y desconocidos. Hasta el punto que Jaume Massó advertía,
el año 1921, que el éxito de las primeras ediciones de sus
"Croquis pirinencs" había sido debido, en buena parte,
por el "(...) màgic nom de Pirineu" que, añadamos,
debía mucho al trabajo previo de Verdaguer.
El mismo Pere Alsius se preguntaba porqué debería extrañarnos
que la gente amase el lago de Banyoles si dos poetas como Jacint Verdaguer
o Dolors Monserdà de Macià y un pintor como Urgell se habían
inspirado en él. Como dice Alsius, nada de extraño tiene
que la gente, especialmente los forasteros, mostrasen esta predilección
por unos lugares que todos aquellos artistas habían divulgado y
formalizado En este sentido, y valga sólo como ejemplo, lo que
había dicho el hada de Banyoles sobre los alrededores de esta villa
en el poema Canigó no hacía otra cosa que nombrar lugares
que después pasarían a formar parte de nuestro "paisaje"
montañero.
En definitiva, artistas como mosén Cinto, reproduciendo el mundo,
habrían producido la mirada de nuestros abuelos, les habrían
enseñado a mirar un mundo hasta entonces desconocido. Verdaguer,
como dice su célebre Virolai, había conseguido iluminar
la catalana tierra guiándonos hacia el cielo.
Sant Martí
de Centelles, Marzo de 2002
Francesc Roma i Casanovas
http://www.geocities.com/francescroma/curriculum5.htm
Resumen
biográfico de Jacint Verdaguer
Documentación
extraída de la web del a Associació d'Escriptors en Llengua
Catalana
Traducción al castellano: J.M. Jerez
Jacint
Verdaguer i Santaló nació en Folgueroles (Osona) el 1845,
en una humilde familia payesa de una cierta cultura y ya de muy joven
su madre le instruyó en la lectura de algunos libros.
El 1855 empezó los estudios en el Seminario de Vic, donde estuvo
durante quince años. La formación académica que recibió
en el seminario se dividía en tres fases: Humanidades y Retórica;
Filosofía y Teología; y Moral, Derecho canónigo y
Práctica. Gracias a sus propios descubrimientos en las bibliotecas
de Vic y a la influencia de profesores y compañeros leyó
clásicos greco-latinos, como Virgilio, Ovidio y Platón;
clásicos italianos; autores castellanos de todas las épocas;
autores románticos franceses y autores catalanes antiguo y modernos.
Aún estudiante, el 1865, le fueron premiadas dos poesías
en los Jocs Florals de Barcelona: "Els minyons d'En Veciana"
y "A la mort d'En Rafel de Casanova".
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Mosén
Jacint Verdaguer en diferentes etapas de su vida
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Por otra
parte, aquel mismo año publicó en el periódico "Eco
de la Montaña" el poema de dos cantos "Dos màrtirs
de ma pàtria, o siga Lluci i Marcià" y entró
en contacto con personajes relevantes de la época como Milà
i Fontanals y Marià Aguiló. Dos años después
fundó el Esbart de Vic, formado por un grupo de estudiantes entusiastas
con sentimientos e ideas románticos que es encontraban en la fuente
del Desmai con el objeto de practicar la poesía.
El 1870 fue ordenado sacerdote. En lugar de ser enviado a Barcelona a
ampliar estudios -como la mayoría de sus compañeros de Vic--,
fue destinado a una pequeña parroquia en Vinyoles d'Orís.
En ningún momento dejó de dedicarse a la poesía (trabajaba
sobretodo en el poema épico "L'Atlántida", a pesar
de haber de realizar las labores de vicario y de la grave enfermedad que
contrajo. El 1874 marchó a Barcelona para recuperarse de esta enfermedad;
estuvo en ella ocho meses en que frecuentaba "la penya dels minyons"
--en la cual conoció los futuros obispos Torras i Bages, Estalella
y Cortès--, veía los miembros del Esbart de Vic y participaba
en tertulias donde observó luchas políticas y tendencias
literarias. Aquel mismo año, entró como capellán
de vapor de la Compañía Transatlántica, propiedad
de los marqueses de Comillas. Fueron casi dos años y nueve veces
la travesía de América (en la línea de Cuba) un período
de equilibrio necesario para recuperar la salud y ultimar "L'Atlántida",
que fue premiada en los Jocs Florals de 1877 y consiguió un éxito
clamoroso inmediato. La obra fue interpretada ya en la época como
la culminación de la "Renaixença". Además,
entonces se inició la etapa de triunfos y prosperidad del poeta,
que duró diecisiete años.
A partir de finales del 1876 residió en el palacio de los marqueses
de Comillas contratado como capellán de la familia y tubo, por
tanto, ocasión de frecuentar los ambientes sociales más
elevados y de crear con el mecenaje de los marqueses algunos de sus poemas
más importantes. Desde el 1883, con el cargo de limosnero, por
el cual había de administrar la beneficencia del marqués
a familias necesitadas.
Con esta labor tubo más problemas pero también una gran
influencia. Es un período en que hizo numerosos viajes (Occitània,
Castilla, Tolosa de Llenguadoc, Roma, Comillas, Donostia...).
En Barcelona, el poeta se centró en la divulgación de los
ideales de juventud aprovechando su prestigio y la ayuda de Jaume Collell
-miembro del Esbart. Verdaguer publicó textos en "La Veu de
Montserrat" y en una colección de libros gracias a su amigo.
Los dos prepararon las fiestas del milenario de Montserrat, en que se
convocaron concursos y a las que asistieron autoridades y escritores.
Mosén Cinto escribió para la ocasión obres como por
ejemplo "Llegenda de Montserrat" y "Cançons de Montserrat",
entre las cuales hay las estrofas del Virolai.
En 1879, simultáneamente a la organización del milenario,
Verdaguer publicó "Idil·lis i cants místics",
son, en palabras de Carles Riba, "una larga, insaciable nostalgia
de la naturaleza angélica", poemas, pues, de tema religioso
que contrarrestaron la sensación creada por "La Atlàntida",
considerada obra profana por los más críticos. El 1882 apareció
"Lo somni de Sant Joan". Leyenda del Sagrado Corazón
de Jesús, refundido y ampliado el 1887.
La oda "A Barcelona" , publicada el 1883 por el ayuntamiento
de la ciudad en una edición de cien mil ejemplares, constituye
una mitificación del espíritu progresista y de las ansias
de expansión de la nueva burguesía industrial catalana.
Con el objetivo de llegar a la sensibilidad popular, Verdaguer insistió
en la poesía religiosa, arma para hacer devotos al catolicismo
y también a la lengua catalana.
El punto culminante de la etapa de plenitud fue "Canigó"
(1886). Este segundo gran poema épico sirvió al poeta para
vencer las insatisfacciones y rectificar los defectos de "La Atlàntida".
Portada de la
publicación del poema Canigó
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Lo escribió
tomando como base elementos de primera mano reunidos a partir de reseguir,
entre el 1879 y el 1884, el Pirineo catalán. Allí pudo ver
detalladamente lo que sería el escenario del poema, completado
posteriormente con libros de historia, folklore y geografía.
El año 1886 es importante, por otra parte, por dos hechos de signo
contrario: por un lado, la coronación en Ripoll como poeta de Catalunya
por el obispo de Vic -hecho que muestra la cima de la gloria de Verdaguer-
y, por el otro, el viaje a Tierra Santa-que significa el inicio de la
crisis espiritual.
Efectivamente, aunque después de este año publicó
obras destacadas desligadas del cambio espiritual -por ejemplo, "Pàtria"
(1888)-, el poeta vivió inmerso en una crisis profunda provocada
por el viaje a Palestina y Egipto, del cual volvió trastornado.
"Dietari d'un pelegrí a Terra Santa" (1888) son las anotaciones
que mosén Cinto tomó mientras efectuaba el viaje y que explican
el deseo de purificación y el cambio de orientación en su
vida. Este cambio consistió en dedicarse más a las labores
eclesiásticas que no a las de escritor, cosa que incluyó
una práctica desordenada de la caridad, que le llenó de
deudas y, más tarde, le puso en contacto con un grupo de exorcistas.
Fue entonces que entró en la vida del poeta la familia Duran, formada
por un mejer viuda y dos hijas, a las cuales prometió que no abandonaría.
Esta actitud de ayuda incondicional a los desvalidos y los comportamientos
que se derivaron de ello le valieron la desconfianza de los marqueses
de Comillas y, finalmente, la decisión de prescindir de sus servicios
como capellán doméstico.
Tampoco fue entendido por las autoridades eclesiásticas, que, con
un diagnóstico de locura, le alejaron de Barcelona. En el santuario
de la Gleva, cerca de Vic, fue descubriendo que el lugar de reposo era
realmente de reclusión. Después de visitar el marqués
y el obispo Morgades, fue obligado a permanecer en la Gleva, vigilado
por un capellán que difundió rumores negativos sobre su
comportamiento. El 1895, ante una situación de presión insostenible,
Verdaguer se escapó de la Gleva y volvió a Barcelona.
Sólo la casualidad hizo que Verdaguer no fuese detenido por la
policía que mandó el obispo Morgades; ello provocó
que el poeta mandase un breve comunicado a la prensa en el que pedía
justicia y ayuda a la gente de Barcelona. La noticia impactó tanto
que tomó dimensiones de escándalo. Un mes después,
un tribunal eclesiástico le suspendió del ejercicio de sus
funciones sacerdotales y, por tanto, de poder hacer misa. Verdaguer contraatacó
con una serie de cartas mandadas a la prensa diaria (denominadas "Un
sacerdot perseguit"), gracias a las cuales ganó fuerza y nuevas
amistades. El mismo 1895, un grupo de amigos le publicaron estos artículos
bajo el título "Mossèn Jacinto Verdaguer en defensa
propia", consideradas la mejor prosa del primer periodismo catalán
moderno.
En 1896 fue
publicado el libro "Flors del Calvari". Libro de consuelos,
como justificación personal con ataques contra sus enemigos, y
escritos y panfletos como Verdaguer reivindicado, que mostraban un Verdaguer
herido y rebelde decidido a demostrar su razón. Además,
escribió "La Pomerola", poema autobiográfico.
El 1897 publicó en la prensa una segunda serie de artículos
aún más agresivos que los de 1895.

Estatua de
Verdaguer en los jardines de Folgueroles
que llevan su nombre
(Foto: J.M. Jerez)
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Estatua de Verdaguer
en el cruce de la Diagonal
y el paseo de Sant Joan de Barcelona
(foto: J.M. Jerez)
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En 1898,
se retractó y fue rehabilitado. Pasó sus últimos
años de beneficiado de la iglesia de Betlem, de Barcelona.
En los últimos cuatro años de vida, Verdaguer volvió
a la actividad literaria. Dirigió algunas revistas literarias de
tema religioso: "Lo Pensament català", "L'Atlàntida"
y "La Creu del Montseny"; preparó nuevos libros y participó
en actos públicos. Los últimos libros publicados en vida
fueron: "Santa Eulària". Poema (1899), "Aires del
Montseny" (1901) y "Flors de Maria", este último
unos meses después de la muerte del poeta, el 10 de Junio de 1902,
en Vallvidrera.
Fue enterrado en Montjuïc en medio de una manifestación espectacular
de duelo popular que acompañó el poeta por la Rambla de
Barcelona.
La producción verdagueriana, musicada por varios compositores (Nicolau,
Morera, Millet, Falla, etc.) y ampliamente imitada, editada y estudiada,
ha sido traducida a muchas lenguas.
De las ediciones de obras completas 1905-08, 1913-25, 1928-36, 1943, 1946,
1949 y 1964, destaca como más cuidada la edición popular
(1913-25), en treinta volúmenes. En 1995, Eumo editorial emprendió
una nova edición de estas obras.

Ruta
Verdaguer
En conmemoración
del centenario de la muerte de mosén Cinto Verdaguer, que tubo
lugar el 10 de Junio del 2002, la asociación Senders de Catalunya
creó una ruta temática que enlaza varios puntos significativos
en la vida del poeta-excursionista; tiene el inicio en Folgueroles (lugar
de nacimiento) y termina en Vil·la Joana, en el Collserola (lugar
donde falleció).
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Se
trata de una ruta con señalización propia que se puede
efectuar en diez jornadas, todas ellas emotivas e interesantes tanto
por el recorrido en si como por la significación de los lugares
visitados.
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Para efectuar la inauguración
de la RUTA VERDAGUER y para contribuir en los varios actos que a lo largo
del año 2002 se efectuaran en conmemoración de esta efemérides,
la asociación Senders de Catalunya organizó una "caminata
inaugural" que se efectuó en cinco salidas de fin de semana
que permitieron efectuar, por etapas de dos días, todo el recorrido
señalizado.
Las fechas y los tramos
realizados fueron los siguientes:
Días 2-3 de Marzo salida de Folgueroles hasta Viladrau, al día
siguiente se subió al Matagalls para continuar hasta el collado
Formic; los días 6-7 de Abril se reanudó el camino en el
collado Formic hasta Aiguafreda, al día siguiente se continuó
hasta Sant Feliu de Codines; los días 27-28 de Abril se fue de
Sant Feliu de Codines a Sant Llorenç Savall, al día siguiente
se llegó a Rellinars; los días 25-26 de Mayo se reanudó
la caminata para ir de Rellinars a Monistrol, al día siguiente
se pasó por Montserrat y se llegó a Olesa; finalmente los
días 8-9 de Junio se efectuó el tramo de Olesa a la carretera
Rubí-Sabadell y al día siguiente se llegó a Vil·la
Joana (Collserola) donde se terminó la caminata dentro de un amplio
programa de actos conmemorativos organizados al efecto.
Enlaces
relacionados con Jacint Verdaguer
Biografía Verdaguer
de la Associació d'Escriptors en Llengua Catalana
http://www.partal.com/aelc/autors/verdaguerj/
Biografía Verdaguer
a Lletra UOC
http://www.uoc.es/lletra/cat/noms/jacintverdaguer.html
Biografía Verdaguer
de Miquel Alonso
http://www.webpersonal.net/nova/verdaguer/index.htm
Resumen de web relacionadas
con Verdaguer
http://www.geocities.com/depcatalajm/verdaguer.html
Información
de las actividades
http://www.anyverdaguer.com/AV/cat/
Biografía excursionista
de Verdaguer por Francesc Roma i Casanovas
http://www.geocities.com/francescroma/curriculum5.htm
Ajuntament de Folgueroles
http://www.folgueroles.com/framap.html

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