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MERIDIANO VERDE
BIOGRAFÍAS
El
episodio de Francesc Aragó en las Islas
Gaspar Valero i Martí
Universitat de les Illes Balears
Vocal de Cultura del Grup Excursionista de Mallorca
Artículo
publicado en la revista "Muntanya" del CEC, núm. 797
de Febrero 1995 (pgs. 24-26)
El 2
de Mayo de 1806 el Bureau des Longitudes, con sede en París,
encargó a Jean Baptiste Biot y al joven rosellonés Francesc
Aragó la reanudación de los trabajos de medición
del meridiano de París. El proyecto había sido abandonado
el 1804 debido a la muerte de Pierre Méchain cuando solamente se
habían terminado cinco triangulaciones del total de diecisiete
que había entre los Pirineos hasta Formentera. Aragó llegó
a las islas el mes de Marzo de 1807; entonces tenía sólo
veintiún años.
La primera etapa isleña de nuestro protagonista tubo lugar en Eivissa,
en la estación geodésica de Campvei, al Norte de la isla,
montada por Biot y por José Rodríguez, uno de los dos comisarios
españoles de las mediciones. Biot y Aragó trabajaron en
Campvei, entre el 15 de Marzo y el 14 de Abril de 1807, para efectuar
las observaciones entre Eivissa y el Desert de les Palmes, en Castellón,
por una parte, y entre Eivissa y el Montgó, cerca de Dénia,
por otra. Uno de los detalles vivenciales de esta estancia fue que los
víveres se habían de ir a buscar a la ciudad de Eivissa,
ya que los vecinos de la zona eran tan pobres, al límite de la
subsistencia, que no tenían nada para venderles.
Aunque las previsiones
iniciales eran de fijar el punto más meridional de la medición
en la isla de Eivissa, la estancia en Campvei abrió nuevas perspectivas
para ampliar los trabajos hacia el Sur, incorporando las posibilidades
que ofrecía la isla de Forrnentera. De esta manera, la menor de
las Pitiusas configura definitivamente el extremo Sur del arco que se
había de medir, ya que entonces no era viable continuar hasta las
costes africanas del Magrib.
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Sierra de Tramuntana (Mallorca) desde el Turó
de l'Home (Montseny)
|
Jean
B. Biot y Francesc Aragó se trasladaron de Eivissa a Formentera
el 19 de Abril de 1807, y con bastantes dificultades montaron el observatorio
en la parte de levante de la isla, un extenso llano elevado denominado
la Mola. Biot cuenta como fue de difícil trajinar los instrumentos
desde el puerto de la Savina hasta la Mola, ya que el uso de los carruajes
era desconocido en la isla; además, su cuaderno de campo contiene
otras informaciones de interés desde el punto de vista antropológico,
como los comentarios sobre las condiciones de vida de los formentereños;
sin embargo, el astrónomo parisino, como años más
tarde ocurrió con George Sand en relación con los payeses
mallorquines, no entendió la posición y la cultura de los
rústicos isleños. Pero los trabajos se iniciaron y hasta
el día 28 de Abril se dedicaron a medir el ángulo del triángulo
con las costas valencianas. A partir del mes de Diciembre de 1807 empezaron
en Formentera las mediciones para establecer la latitud del arco del meridiano,
determinada por numerosas observaciones de la estrella Polar.
Después
de las medidas de la latitud y de observaciones con péndulo para
determinar la fuerza de gravedad, el mes de Enero de 1808 Biot retorna
a París, con los datos de los once triángulos (dieciséis
con los de Méchain) determinados. En cambio, Aragó permaneció
aún en Formentera algunos meses, en compañía de los
comisarios españoles Chaix y Rodríguez. En la pequeña
de las Pitiüses, el equipo trabajó duramente y se consiguió
unir geodésicamente Mallorca, Menorca y Formentera en un solo triángulo,
el decimoséptimo, con lo cual se pudo determinar la medida de un
arco de paralelo de un grado y medio. Después de Formentera, el
siguiente paso fue ir a Mallorca para medir la latitud y el azimut de
esta nueva triangulación.
El 6 de Mayo de 1808 Aragó se trasladó a Mallorca y se instaló
en la cima de la mola de s'Esclop. Esta es una montaña de 926 m
de altitud, situada en el sector sud-occidental de la sierra de Tramuntana,
muy cerca del puig de Galatzó. Precisamente el nombre que dio Aragó
a este punto de observación es el "Clop de Galatzó",
que fue traducido incorrectamente por Alfons Maseres como "puig de
Galatzó", como acertadamente indica Francesc Olivé.
(1)

Una sencilla
barraca en ruinas, de planta rectangular, aún recuerda esta estancia.
La época
en que vivió Aragó en Mallorca coincidió con un periodo
de gran inestabilidad política motivada por el inicio de la guerra
del Francés. Aragó trabajaba con una relativa tranquilidad
hasta el 27 de Mayo de 1808, cuando llegaron a Mallorca las noticias del
levantamiento de la Península contra los napoleónicos. Ese
mismo día, Berthémie, un oficial de Napoleón, que
llevaba las órdenes de trasladar la armada franco-española
de Maó a Tolón, indignó la opinión pública,
que se levantó con violencia contra el oficial y, por extensión,
contra los franceses de Mallorca. Entonces fue cuando recordaron que había
un francés que efectuaba extrañas operaciones con fuego
y objetos ópticos sobre una montaña; con todo, no dudaron
en calificarlo de agente al servicio del emperador francés. Al
día siguiente, un pelotón armado se movilizó y emprendió
el camino desde la ciudad de Mallorca hacia la montaña, en búsqueda
del supuesto y peligroso espía.
Afortunadamente,
el patrón Damià, veterano marinero del místico -un
pequeño barco- que el gobierno español había puesto
a disposición del equipo de medición, se enteró de
las actuaciones dirigidas contra el astrónomo y subió rápidamente
a s'Esclop para avisarlo del peligro que corría su vida. El marinero
le convenció de la necesidad de abandonar las observaciones y de
huir de la isla lo más pronto posible, además, con mucha
previsión, le hizo vestir según el estilo de los payeses
mallorquines e inmediatamente bajaron corriendo por los atajos de la montaña.
Por el camino se encontraron con la expedición de captura y fue
entonces cuando se produjo una deliciosa anécdota -a pesar del
peligro evidente de la situación- que Aragó nos cuenta detenidamente
en sus memorias: "Nadie me reconoció, porque yo hablaba perfectamente
el mallorquín. Alenté encarecidamente aquel destacamento
a que siguiesen por aquel camino, y continué la ruta hacia la ciudad".
El escritor
Pere Morey Servera nos relata el episodio con su especial ironía
y naturalidad narrativa:
"Por el
camino de bajada se encuentran con la partida armada.
- Buenos días, nos de Dios, ¿a donde van tan decididos?
- ¡A matar el francés de s'Esclop, que es un espía!
- ¡Muy bien hecho, pegadle un buen trancazo de mi parte!
Ha sido el mismo Aragó, hablando perfectamente el catalán,
quien se los ha sacado de encima. Y es que nuestro protagonista era de
Estagell, en la Catalunya Nord".
Llegados a Palma,
Aragó embarca en el místico (2), capitaneado por el teniente
de navío Manuel de Vacaró, a quien pidió para ir
a Barcelona, ocupada entonces por los franceses. Pero Vacaró no
accedió a hacer un viaje tan peligroso que, además, contradecía
las órdenes de las autoridades isleñas, que habían
prohibido salir de la isla sin un permiso especial. Como contrapartida,
casi rocambolesca, el oficial ofreció a Aragó una caja de
madera, de reducidas dimensiones, donde pretendía que se escondiese
en caso de que los pelotones situados en el puerto en actitud amenazante
le buscasen. Entretanto, en el puerto se producían disturbios cuando
descubrían la presencia del joven astrónomo. Entonces Aragó
hizo pedir al capitán general Vives que la metieran en prisión
en el castillo de Bellver. Cuenta Aragó con cierto humor que consiguió
llegar a la emblemática fortaleza medieval con penas y trabajos,
perseguido por los revoltosos: "Durante mi correra sólo había
recibido una ligera cuchillada en el muslo. A menudo se han visto prisioneros
que se alejan, cames ajudau-me, del calabozo; quizá yo soy el primero
que lo he tenido que hacer a la inversa".
Casi todo el
mes de Julio permaneció Francesc Aragó en el castillo de
Bellver, donde se sentía desamparado de sus antiguos amigos mallorquines
e incluso tubo que pasar por la prueba de leer en determinada prensa,
concretamente traída de Valencia, la falsa noticia de su ejecución
ahorcado. El capitán Rodríguez trasladó al capitán
general la petición de Aragó de que diese la orden de liberarlo.
El capitán general accedió a dar la orden, pero, en cambio,
no quiso intervenir en la protección que, como era evidente, necesitaba
para salir de la isla; ni tan sólo aceptó proporcionarle
un salvoconducto. Si embargo, cuando el joven astrónomo tubo vía
libre, con la ayuda nuevamente del patrón Damià, buscaron
una barca de pesca y el 28 de Julio salían del castillo de Bellver,
momentos antes que colaboradores del ex ministro de Godoy, Gaietà
Soler, acusado de corrupto, de nepotista y de afrancesado, entrasen en
él, también para evitar la furia popular.
En la salida
de Bellver y de Mallorca, Aragó iba acompañado por el oficial
Berthémie, y ambos partieron en la barca capitaneada por Damià,
ocupada por tres marineros más. La meteorología les era
adversa, por lo cual decidieron parar en la isla de Cabrera, esperando
una mejoría del tiempo. Allí Berthémie y Aragó
discutieron sobre la conveniencia, defendida por el primero, de partir
inmediatamente, antes que se organizase alguna expedición desde
la ciudad de Mallorca para capturarles. Aragó nos cuenta como esta
discusión estuvo a punto de perderles: "Los tres marineros
que Damià había contratado vieron que el señor Berthémie,
a quien yo hacía pasar por mi criado, sostenía su opinión
contra la mía, tratándome de igual a igual. Entonces dijeron
al patrón: "Si hemos consentido en formar parte de esta expedición,
ha sido con la condición que el ayudante de campo del Emperador,
prisionero en Bellver, no figuraría entre las personas que habíamos
de libertar. Nosotros sólo queremos ayudar en la huida del astrónomo...
Habrá que dejar este oficial aquí, si es que no quieren
echarlo al mar". Entonces el señor Bellthémie estuvo
de acuerdo conmigo para sufrir ciertas brutalidades que sólo podía
sufrir un criado amenazado por su dueño; y todas las sospechas
de los marineros se desvanecieron".
Superado este
contratiempo, decidieron partir de Cabrera al día siguiente de
la llegada, el 29 de Julio, ya con mejor tiempo y con viento favorable.
Así, en esta pequeña isla que algunas semanas después
había de ser triste y dura prisión para los soldados franceses
que capitularon en Bailén, acaba el episodio isleño de Francesc
Aragó, y pudieron llegar sanos y salvos a Argel el 3 de Agosto.
Las aventuras que aún debió vivir para llegar a París
y la larga trayectoria científica y de compromiso social que mantuvo
hasta el final de su vida, ocurrido en el año 1853, no habían
hecho más que empezar, pero la narración de estos hechos
ultrapasa el episodio isleño que nos habíamos propuesto
recrear .
(1) A raíz
de esta observación, quiero proponer una hipótesis etimológica
sobre el nombre "Esclop". Hasta ahora se ha relacionado el origen
de este topónimo con un supuesto parecido de la forma de la montaña
con el calzado denominado "esclop" (zueco), cosa que quizás
no tenga nada que ver con la realidad. La propuesta es, en primer lugar,
considerar el nombre completo de "mola de s'Esclop" (con o cerrada)
como provinente de la localización de la montaña que comentamos
en la finca de "s'Esclop". En segundo lugar, este nombre, ya
separado del genérico "mola", sería producto de
una aglutinación del artículo salado "es" con
el sustantivo "clop", es decir, el árbol del género
Populus, conocido actualmente como "poll", árbol
abundante aún hoy día cerca de las casas del Esclop, en
la fuente del Quer; además, esta aglutinación provocaría
la repetición del artículo salado. Por tanto, la antigua
posesión y casas del Esclop y su mola serían originariamente
la posesión y las casas del Clop y la mola del Clop.
(2)
Místico.- Embarcación de dos o tres palos, de buque parecido
al "xebec", usada antigamente en la Mediterranea. En la proa
llevaba un botalón y en la popa una botafuera.

La
medición del meridiano en el Maresme y fray Agustí Canelles
Francesc
Olivé i Guilera
Fragment
del artículo publicado en el núm. 223, cuart trimestre de
1994, de la revista Alella.
A pesar de las penalidades
sufridas, Méchain volvió a Cataluña el 1803, como
antes hemos dicho, y reemprendió la medición. Pero la fatalidad
se abatió de nuevo sobre él y esta vez de forma definitiva.
En el año 1804 mientras estaba en plena actividad en las montañas
del Desert de les Palmes, en Castelló de la Plana, Méchain
murió víctima de la peste amarilla.
Agustí
Canelles, que además de astrónomo, matemático y profesor
de náutica fue el inventor de un instrumento geodésico de
gran precisión, participó en la triangulación precisamente
durante esta segunda etapa y acompañó Méchain durante
un año por las montañas de Tarragona y el Maestrat, comisionado
por el gobierno español hasta la muerte de Méchain el 1804.
El año
anterior (1803) Canelles había leído una comunicación
en la Acadèmia de Cinències i Arts de Barcelona, defendiendo
la necesidad de "una medida universal sacada de la naturaleza",
en la cual hablaba también de la participación que habían
tenido nuestros científicos en la anterior campaña del meridiano.
Cuando en el año 1806, después de dos años de interrupción
causada por la muerte de Méchain, los científicos franceses
Biot y Aragó emprendieron de nuevo la prolongación, Canelles
ya no participó en proyecto. Los comisarios nombrados por el gobierno
español en esta última etapa fueron J. Chaix, el astrónomo
hijo de Xàtiva, y Rodríguez, un joven científico
español que había estudiado astronomía y matemáticas
en el Observatorio de París y en el Colegio de Francia. Durante
esta última etapa no faltaron nuevas vicisitudes. El científico
Francesc Aragó, que era rosellonense, estaba en solitario en su
barraca de la mola de s'Eslop, en la sierra de Tramuntana, de Mallorca,
el año 1808, cuan estalló la guerra del Francés.
Tuvo el tiempo justo par huir y encerrarse en el castillo de Bellver para
salvar el pellejo, y aún tuvo suerte que pudo despistar a sus perseguidores
hablándoles en su lengua materna, que era el catalán.
Mientras Francesc
Aragó huía hacia Francia, Agustí Canelles se incorporaba
al ejército español como ayudante de estado mayor del general
O'Donell en la lucha contra los invasores franceses. La historia está
llena de contradicciones y de ironías.
Canelles vivió
los últimos años de su vida en Alella donde murió
y fue enterrado en el 1818.
En el año
1881 los socios del Centre Excursionista de Catalunya reconocieron en
Agustí Canelles unos valores excursionistas y científicos
que justificaban el poner su retrato en la Galeria d'Excursionistes Catalans
Il·lustres que esta entidad tiene en su sede social.

Antoni
de Martí i Flaquès y la medición del arco del meridiano
a su paso por Tarragona
Antoni
Quintana i Martí
Artículo publicado en la revista "Muntanya" del CEC,
núm. 797 de Febrero 1995 (pgs. 29-33)
Después de
la bien documentada exposición que figura en la guía que
nos da este Centro con motivo de la excursión a Altafulla "Seguint
el meridià, 12", el día 13 de Febrero de 1994, y con
el fin de evitar duplicidades, he preferido aportar algunos datos inéditos
hasta ahora, pero si complementarios respecto a la colaboración
de nuestro científico con varios miembros de la expedición
francesa capitaneada primero por Méchain, los años 1792
y 1803, y posteriormente por Biot y Aragó durante los años
1806 a 1808.
Vale la pena, ante todo, remarcar una vez más la polifacética
personalidad de Martí i Franquès. Sus numerosas amistades
llegaban a las altas esferas de los más destacados hombres de ciencia
de renombre universal. Considerado como una de las personalidades más
ilustradas de estos tiempos en nuestro país era siempre consultado
por casi todos aquellos extranjeros que venían a Catalunya: científicos
como Méchain, Biot y Aragó, arqueólogos como Laborde
Le Chevalier y Petit-Radel, este último conservador de la Bibliothèque
Mazarine de París, naturalistas como La Roche y el americano Macklow,
publicistas agrónomos como el conde de Lasteyrie y muchos otros
que podríamos citar, muchos de ellos recomendados del cónsul
de Francia en Barcelona Vioet, que consideraba nuestro compatricio con
dotes de artista, de sabio y de anticuario, en el sentido de arqueólogo.
No es de extrañar, por tanto, que dentro de los medios científicos
del extranjero fuese conocido como "el sabio catalán".
Dicho esto,
he aquí, a continuación, tres muestras bien claras e interesantes
de la colaboración y ayuda indirecta prestada por nuestro personaje
a los miembros de la expedición.
EL VÉRTICE
DE SANT JOAN
Recordemos que
el acta de nacimiento del metro corresponde a una ley del 10 de Diciembre
de 1799 firmada por Bonaparte, fundamentada en las mediciones realizadas
anteriormente, por encargo del Bureau des Longitudes, por Delambre y Méchain,
del arco de meridiano de Dunkerque a Barcelona durante los años
1792 a 1798. La parte Norte, comprendida entre Dunkerque y Rodés,
fue confiada a Delambre, y la parte Sur, desde Rodés a Barcelona,
a Méchain. Se midieron más de cien triángulos, y
con ellos colaboraron, entre otros, los españoles Bueno, Álvarez,
González, Planes, Chaix, Pedrayes y Siscar.
Existía,
pero, un segundo proyecto de Méchain - con carácter muy
reservado de prolongar las mediciones desde Barcelona hasta las islas
Baleares, con la finalidad - bien vista por el Bureau des Longitudes-
de verificar los cálculos precedentes, en los cuales había
descubierto una pequeña diferencia de 3 segundos entre el valor
de la latitud de Montjuïc encontrada el 1792-93 -ya comunicada oficialmente
a París- y la que había deducido posteriormente de sus observaciones
en Barcelona el año 1794, diferencia que no fue conocida hasta
después de su muerte, cuando sus papeles fueren enviados a París,
y se pudo comprobar que era debida a una anomalía local de la aceleración
de la gravedad, y no a un error de observación por parte de Méchain.
Finalmente,
venciendo no pocas dificultades burocráticas, Méchain, conseguidos
sus propósitos, abandona Barcelona hacia Italia el mes de Noviembre
de 1794, y el 27 de Mayo de 1803 retornaba formando parte de la comisión
francesa, acompañado de Jean Bapte. Le Chevalier y el ingeniero
naval Dezauchez, a los cuales se añadió después,
por designación del rey de España, el trinitario frai Agustí
Canelles.
Debido a la
tensión internacional, surgieron dificultades para trasladarse
a Mallorca y, entretanto, intentaron empezar a medir los triángulos
comprendidos entre Barcelona y Tarragona y más allá. Además,
hubieron de recuperar los aparatos que Méchain había dejado
en varias ciudades, entre ellas en Tarragona en casa de su amigo Martí
i Franquès.
Cuadrante para
medición de ángulos
|
A falta de mapas detallados,
habían de fiarse de lo que creía la gente del país,
y fue necesario recorrer muchas leguas hasta encontrar las posiciones
más altas y adecuadas, ya que algunas de las que se habían
designado anteriormente se revelaron a la práctica inutilizables.
A finales de Agosto de 1803, Méchain ya estaba calculando los ángulos
de la estación más cercana a Tortosa (el Montsià,
764 m), mientras Le Chevalier se situaba cerca de la ermita de Sant Joan,
en la montaña de la Guardiola de Tamarit, acompañados alternativamente
uno y otro de los sabios franceses, por el comisario español frai
Agustí Canelles.
Vemos como la
elección de este último punto para situar en él el
vértice geodésico no fue casual. En el siglo XV, los antepasados
de la familia del científico Antoni de Martí i Franquès
ya se habían establecido en el Mas Vell del término de Tamarit,
y el 10 de Abril de 1693, el heredero Jaume Martí i Bellver, bisabuelo
del citado, compró una pieza de tierra de 30 jornales en esta montaña,
y un hermano suyo, Joan, que siguió la carrera eclesiástica,
se doctoró y llegó a ocupar la rectoría de su villa
natal, Tamarit, donde está enterrado. En su testamento, otorgado
el 27 de Febrero de 1697, dispuso que todos sus bienes fuesen destinados
a la construcción de una ermita dedicada a Sant Joan (su patrón),
en los terrenos de la Guardiola donados por su hermano Jaume. Las obras
empezaron a partir del 20 de Junio de 1698, fecha en que el arzobispo
de Tarragona Josep Llinàs dio permiso a Bernat Martí i Bellver,
en calidad de albaceas de su hermano, para iniciarlas. Y, más aún,
otro antepasado de Martí i Franquès, Francesc Martí,
que se había ido a vivir a Salomó, de donde era su mujer,
en su vejez retornó a Tamarit para ocupar el cargo -el primero-
de ermitaño de la capilla de Sant Joan.
El mojón
que debía marcar el centro de la estación geodésica,
fue situado, según datos comunicados por Le Chevalier, y que nos
cuenta el mismo Biot, "a 22 toesas, 3 pies y 9 pulgadas [=43'93 m]
de la puerta de la capilla, en dirección al suroeste hacia el mar,
entre algunos pinos y a 3 toesas [=5'85 m] de una punta de roca muy considerable
que sala de tierra, en la dirección de una montaña denominada
por la gente del país Costa Grossa, hacia el Norte de la tienda".
y "la altura del centro del círculo sobre la superficie del
suelo es de 4' 333 pies [=1'21 m] por todas las observaciones efectuadas
en esta estación". Actualmente apenas queda rastro de la capilla,
totalmente destruida durante la guerra del Francés, en la batalla
de Altafulla, el 24 de Enero de 1812, y el mojón ha desaparecido
completamente.
El hecho que
la montaña y la ermita fuesen propiedad de Martí i Franquès
y la amistad que este tenía con Méchain, Tranchot y Le Chevalier,
a los cuales más de una vez había acogido en sus casas de
Altafulla, de Tarragona y quizás incluso en las de Tamarit y de
Ardenya, aparte de su espíritu científico y el afán
de colaboración que en todo momento estaba dispuesto a prestar,
nos obligan a pensar una vez más en la posible ayuda desinteresada
y el asesoramiento indirecto que, como buen conocedor del terreno, podía
prestar respecto al posible enclavamiento del mojón cerca de su
ermita, como vértice del triángulo secundario a establecer
para la medición del arco de meridiano. Tengamos presente que,
desde este vértice de Sant Joan, Méchain y su ayudante Enrilé
realizaron más de mil seiscientas determinaciones de ángulos
y observaciones, con relación a los otros vértices de la
catedral de Tarragona, el faro del puerto, la Morella, el Montagut, el
Montsià, el cabo de Salou y Llaberia.
EL "FARO"
DEL PUERTO DE TARRAGONA
El tercer vértice
o punto de referencia de este triángulo secundario, Méchain
y su ayudante Enrilé lo sitúan en el "faro" del
puerto. Hay que tener presente que por aquellas fechas -el 1803- el ingeniero
encargado de las obras de ampliación del puerto de Tarragona, en
cumplimiento de la real orden de rehabilitación del 19 de Enero
de 1790, venciendo la fuerte oposición de las autoridades de Reus,
era el brigadier de la Real Armada Joan Smith Sinnot, que se hizo cargo
de la rehabilitación el Agosto de 1800, en substitución
de Juan Ruiz de Apodaca, que, según parece, se ocupaba poco de
su cometido y dejaba muchas veces las obras en manos de personal subalterno.
Smith considera que había que ampliar el proyecto de Apodaca, y
redactó otro nuevo, que fue aprobado el 31 de diciembre de 1801.
Si tenemos en
cuenta que el 9 de Julio de 1790, Antoni de Martí i Franquès
- entre otros -, ya había cedido unos terrenos, además de
aportar 1.875 libras para las obras de ampliación del puerto, y
la amistad que le unía con el brigadier Smith y con todos los otros
componentes de la Junta General del Puerto, por una parte, y con los miembros
ya citados delegados por el gobierno francés para la medición
del meridiano por otra, no nos debería sorprender que, a falta
de otro punto más idóneo, Méchain, que ya había
escogido Sant Joan, terminase tomando el "faro" del puerto como
punto de referencia de sus trabajos geodésicos.
Se da el caso,
pero, que este "faro" era amovible, es decir, que -según
un documento de la época, que se conserva en el Arxiu Històric
del Port de Tarragona, hasta ahora inédito -, "como el muelle
que deve formar el puerto de Tarragona, no está concluido aún,
no es posible hasta ahora colocarle un faro permanente; por cuya razón
sólo se alumbra en el día con luces ordinarias en un farol
puesto en una plataforma de madera amovible, de 60 pies [=16'71 m] de
altura sobre el nivel del mar, y 8 [=2'22 m] de lado la base que sostiene
el farol: dicha plataforma se adelanta según se prolonga el muelle".
Efectivamente, por otro documento, podemos saber que entre el 11 de Julio
de 1814 y el 30 de Junio de 1817, "Se adelantó la linterna
provisional la distancia de 70 varas [=58 '52 metros] hacia la punta".
No en balde encontramos una referencia que nos dice que "se construyó
una linterna, si bien no con la perfección que requería
un servicio tan importante".
Se trata, por
tanto, de volver a la situación que habría tenido el citado
"faro" en el actual muelle de Llevant el día 3 de Octubre
de 1803, en que Méchain y su ayudante Enrilé llevaron a
cabo desde Sant Joan las mediciones del ángulo Campanario de la
Catedral - Faro del Puerto, que nos dan Biot y Aragó en su Récueil
d'Observations.
Conociendo este
ángulo (8°10'3"324) y las coordenadas UTM respectivas
de los vértices de Sant Joan y del campanario de la Catedral, podemos
calcular la ecuación de la recta que unía el vértice
de Sant Joan con el "faro". Y, si a continuación proyectamos
la recta obtenida, sobre un mapa del puerto de Tarragona (escala 1:5.000),
su intersección con la barra del muelle de Llevant nos dará
la posición aproximada del célebre faro amovible el día
3 de Octubre de 1803, cerca del final de la segunda recta del dique de
Llevant, donde, según referencias escritas, aún se estaba
trabajando a finales del 1803. En este lugar, por iniciativa de la Societat
Catalana d'Història de la Ciència i de la Tècnica,
con motivo de la III Trobada, que tubo lugar el Diciembre pasado en Tarragona,
con la colaboración de la Autoritat Portuària, se descubrió
una placa conmemorativa.
Es curioso como,
en el mismo documento a que antes hemos hecho referencia, figura a continuación
una larga descripción, anónima y sin fecha, de unos nuevos
faros dióptricos, basados en un nuevo sistema de lentes cilíndricas
inventadas en Francia por el físico Agustín-Jean Fresnel,
"que fueron probados en una operación Geodésica, con
notable efecto". Además, este documento demuestra un gran
interés informativo respecto a costos y instrucciones en lo referente
a su colocación, conservación y manipulación, a fin
de instalarlos "en muchos faros permanentes que hay en la península".
Esta descripción
debe haberse obtenido del "extracto de las sesiones de la Academia
Real de Ciencias que traen los Anales de Física, Química,
etc. de París en uno de los meses del año de 1824".
No olvidemos
que Martí i Franquès disponía de una complicada red
de corresponsales y de amistades, tanto en Francia como en los lugares
fronterizos de los Pirineos, que le hacían llegar con la máxima
puntualidad y por los más sofisticados conductos, las más
importantes revistas científicas que se publicaban tanto en Francia
como en Alemania e Inglaterra, circunstancia que le permitía estar
al día de los más avanzados progresos de la ciencia y de
la técnica como pocos otros científicos de su tiempo. Y
la revista Annales de Chimie et de Physique, que empezó a publicarse
en París el año 1816, no podía ser una excepción.
Martí i Franquès la recibía regularmente -entre muchas
otras- desde su aparición, bien a pesar de las muchas dificultades
que ello comportaba en aquel tiempo por razón de la situación
política y militar. Tengamos presente que Fresnel dio a conocer
la invención de este far de foc fix de 3er ordre, en la sesión
de la Académie royale des Sciences de París, un lunes 19
de Abril de 1824, bajo la presidencia de Francesc Aragó, buen amigo
de Martí, que, poco tiempo antes, el 5 de Enero, había sido
elegido para este cargo.
No queremos
extendernos más respecto a este hecho. Sí solamente dejar
constancia de ello como una muy probable aportación informativa
de nuestro científico en la Junta General del Port, interesado
como estaba en la mejora del puerto de Tarragona, como exportador de mercancías
varias, indirectamente a través de las sociedades comerciales en
las cuales participaba. Y hay que tener presente que los faros dióptricos
eran la última palabra de la técnica para cuando se instalase
el faro definitivo permanente al final del dique de Llevant proyectado
por Smith.
LA MÁQUINA
DE ELEVAR AGUA
Recordemos que
Biot era, como la mayoría de los científicos de su tiempo,
un hombre polifacético, igual que Martí. Desconocíamos,
pero, hasta hoy sus experiencias sobre los peces de la Mediterránea,
realizadas durante su primera estancia en Eivissa y en Formentera.
Según
el mismo nos cuenta, en su primer viaje a estas islas realizó algunas
experiencias curiosas sobre los peces que viven en las aguas profundas
de aquellos lugares, hecho, que -puesto en conocimiento del caso- indujo
al ministro del lnterior francés, a incorporar un naturalista en
la expedición, y para asesoramiento de Íos profesores del
Museu d'Història Natural, fue designado un amigo suyo, François
de La Roche, joven médico ya acostumbrado a este tipo de estudios.
Una vez reunidos
en València, decidieron pasar el invierno de 1807 en su observatorio
de Formentera. Parece ser que las observaciones de La Roche confirmaron
las de Biot, a las cuales se añadieron circunstancias nuevas. Tanto
las experiencias de un como las del otro condujeron a la misma conclusión:
que la vejiga natatoria de los peces contiene mucho más gas oxígeno
como mayor es la profundidad donde habitan, "aunque -nos dice Biot-
el aire contenido en el agua de mar a 600 m de profundidad sea igual,
quizá incluso de pureza algo inferior, al que impregna la superficie,
según me he asegurado por experiencias directas".
Dejemos estas
explicaciones de Biot y leamos ahora unos párrafos de borrado de
una carta que tenemos a nuestro alcance, escrita en francés y fechada
en Barcelona el 14 de febrero de 1807, sin remitente ni destinatario,
que dice, hablando de un "instrumento para extraer agua de mar":
..."Vea
si esta máquina, la explicación de la cual acompaño,
le servirá. La mandé ayer, dentro de una caja como fuese
posible, a Dénia o a Eivissa. Yo hasta hoy no he querido decir
nada de esta Máquina de Mr. Biot, Smith, según las ideas
de Martí, Santponç y Coromines, hasta que no la he visto
terminada, y no he hecho pruebas con ella que hayan tenido un feliz éxito
en los pozos. Ya me dirá si servirá en el abismo del mar,
aplicándole un peso de 50 libras (20 Kg.), de que se habrá
de proveer."
"Recuerdos de mi esposa, hijos e hijas, mientras espero nuevas de
su salud, así como de la de Mrs. Aragó, Rodríguez
y Chaix, a los cuales usted tendrá la amabilidad de saludar."
"Yo considero su obra muy avanzada. Su amigo..."
En varias ocasiones
hemos citado una maquina d'aixecar aigua, inventada por Cristofor Montiu,
con la colaboración de Martí i Franquès, Salvà
i Campillo, y Santponç, de la cual se habla en algunas cartas del
epistolario de Martí i Franquès, y con la cual se efectuaron
varias pruebas, una de ellas en presencia de Méchain, en la cual
este sufrió un accidente. Algunas veces estas pruebas se efectuaron
en las fincas que tenía Martí en Valls. Pero nunca se nos
había ocurrido que esta máquina, más o menos modificada,
pudiese tener relación - como realmente parece- con el estudio
de los peces que efectuaba - aunque con carácter secundario- la
expedición francesa de la medición del arco de meridiano.
Ignoramos quién
escribió la carta y a quién iba dirigida, así como
también la explicación que la acompañaba. Por otra
parte, no deja de ser curioso que este borrado esté entre el cartulario
de Martí i Franquès. Pero sí que queda bien clara
- entre el contenido de la carta y las explicaciones que nos dan Biot
y Aragó en su Récueil d'Observations-, la participación
más o menos directa de nuestro científico en el planteamiento
de esta máquina para ayudar Biot y La Roche en sus investigaciones
de los peces de aguas profundas, y bien seguro, también, en el
proceso de análisis del aire contenido dentro de las vejigas natatorias
de estos animales.
Y para terminar,
reproducimos a continuación un párrafo bastante elocuente
de una carta del publicista agrónomo conde de Lasteyrie, fechada
en París el 18 de Octubre de 1807 y dirigida a Antoni de Martí,
con el cual tenía buena amistad por haberlo acogido en su casa,
recomendándole dos científicos que venían a España,
el naturalista americano Macklow y el español Rodas: "Je leur
ai dit qu'il ne pourroient trouver en Espagne", une personne plus
en etat que vous Monsieur de leurs donner de bons renseignemens sur le
pays que vous habités, et de els mettre en même de visiter
tout ce qu'ils i peuvent trouver d'interessant relativament a leurs études".
Creemos que
este párrafo pone en evidencia, una vez más, el concepto
que más allá de los Pirineos se tenía de nuestro
científico altafullense.

Pierre
François Méchain y Castelló de la Plana
Daniel
Gozalbo Bellés
Catedrático de Matemáticas, Universitat Jaume I - Castelló
Artículo publicado en la revista "Muntanya" del CEC,
núm. 797 de Febrero 1995 (pgs. 27-28)
El astrónomo
francés Pierre Méchain, con la colaboración de eruditos
del país, recorrió, durante la última década
del siglo XVIII, la Francia meridional y Catalunya con el objeto de efectuar
la medición del meridiano DunkerqueBarcelona y elaborar un nuevo
patrón de la longitud: el metro. La importancia de la expedición
y su estancia en tierras del Rosselló y el Principat ha sido glosada
y puesta en relieve en el ciclo de conferencias, actos y excursiones que
el Centre Excursionista de Catalunya ha realizado los dos último
años.
La reforma de
las pesas y medidas y la implantación del sistema métrico
decimal fue una de las primeras disposiciones de la Revolución
Francesa, fiel al espíritu universalista y científico que
la presidió: el 8 de Mayo de 1790 la Asamblea aprobó el
proyecto de ley sobre unificación de pesas y medidas. En la sesión
del 26 de Marzo de 1792, se decidió que el metro sería la
unidad de longitud que pondría fin a la diversidad de medidas que
se utilizaban y el 25 de Junio de 1792 salían de París dos
expediciones: Jean Baptiste Joseph Delambre se ocuparía del arco
de meridiano entre Dunkerque y Rodés, y Pierre-François
André Méchain efectuaría la medición entre
Rodés y Barcelona, y, al mismo tiempo, sería el responsable
de la expedición. Méchain era un excelente astrónomo
y un geodesista experimentado, sin duda, un de los mejores hombres de
ciencia de su época. El fruto de este trabajo de medición
que se prolongó más de seis años sería la
adopción oficial por ley del primer cónsul Bonaparte el
10 de Diciembre de 1799 (19 frimarí del año VIII): el nacimiento
del metro.
Méchain
creyó necesario extender el arco de meridiano hasta las Islas,
para tener la medida de dos arcos similares a los dos lados del paralelo
45°, evitando el error derivado de la forma elipsoidal de la Tierra.
Esta ampliación fue aprobada el 31 de Agosto de 1802 en sesión
del Bureau des Longitudes. Méchain reemprendió la triangulación
y salió de París por segunda vez el 26 de Abril de 1803.
A lo largo del segundo viaje, colaboró con Méchain, decididamente,
Faust Vallès i Vega, XII barón de la Pobla Tornesa i la
Serra d'en Galceran en Castelló, Martí Franquès en
Tarragona, así como personalidades científicas valencianas
y catalanes: Chaix, Canelles (que fue el comisario español de la
expedición) y Salvà.
El castellonense
Vallès era un hombre de gran curiosidad y de inquietudes científicas
diversificadas. Por su biblioteca y gabinete de instrumentos sabemos de
su inclinación a la física experimental, la química,
la botánica, la historia natural, la geografía, las matemàticas
y la astronomía. Tenía desde máquinas neumáticas
a telescopios, un amplio herbario y una buena colección de minerales
y fósiles. Mantenía correspondencia científica con
Méchain, animándole "que por mi mismo me asegure si
Eivissa es visible desde el Desert y el Mondúber, me propone encender
grandes hogueras a horas y épocas convenientes cuando yo seré
en Eivissa. Aprovecharé estas ofertas y, además, iré
también yo mismo a visitar las montañas de las costas de
València...", ya que en otra carta le aseguraba "...El
barón de la Pobla se había tomado la molestia de subir al
Desert de les Palmes, había reconocido a simple vista Torrelles,
Cabrera, Eivissa y, sobre el continente, Montsià, Cullera y Sant
Antoni. No hay ninguna duda sobre la posibilidad de ejecución de
los grandes triángulos de dos de mis planes."
Triangulación
entre la península y las Islas Baleares
|
Entre
1803 y 1804, Méchain recorrerá el País Valencià
y las Islas. Establecerá una cadena de vértices de triangulación
en nuestras montañas, aún vigente hoy en día: Eivissa,
Formentera, Mallorca, Dénia, Cullera, donde medirá una nueva
base de comprobación, el Puig y la sierra de Espada. Las condiciones
de vida en las estaciones no podían ser peores; Madoz, cincuenta
años después escribe: "Los dignos compañeros
de Méchain establecieron sobre esta misma cumbre, una de sus principales
estaciones, y colocaron allí cinco grandes reverberos, porque las
acciones debían hacerse de noche; una tienda y una cabaña
de tablas que se armaba y se desarmaba con facilidad; más siendo
estos abrigos demasiado endebles para resistir las terribles ráfagas
de los vientos y las tempestades construyeron junto a la cabaña
de madera una casita de piedra seca...". Y la vida cuotidiana nos
la describe magníficamente Aragó en sus memorias: "Se
pueden imaginar fácilmente el asco que había de experimentar
un astrónomo joven, confinado en una cima elevada, sin otro espacio
para pasear que una extensión de unos veinte metros cuadrados,
y sin otra distracción que la conversación de dos frailes
cartujanos, el convento de los cuales estaba situado al pie de la loma,
y que venían a verme de escondidas, infringiendo la regla de su
orden."
Se había
declarado una epidemia de fiebre amarilla en el sur de España.
En Málaga fue particularmente grave, y un terremoto terminó
de desorganizar la ciudad. Un barco procedente de Málaga atracó
en el puerto de Alicante sin guardar la cuarentena, por ser una embarcación
oficial. Y, a partir del correo que mantenía Méchain, llegó
la epidemia a la sierra de Espada. Este punto, infectado de fiebres palúdicas,
fue donde varios colaboradores cayeron enfermos. Continuó sus trabajos
de triangulación en el Desert de les Palmes, en Castelló,
hasta que también se le manifestaron los sínptomas de la
enfermedad. Le bajaron a Castellón el 12 de Septiembre, al día
siguiente le trasladaron a la casa del barón de la Pobla, donde
empeoró y murió el 20 de Septiembre de 1804, acompañado
de su hijo, de los colaboradores, del cónsul de Francia en València
y de los amigos casteIlonenses y valencianos. Fue enterrado en la ciudad
de Castelló, en medio de una gran manifestación de duelo.
El mismo barón describió los últimos días
de vida de Méchain, testimonio de pena y amistad, el Octubre de
1805, en dos revistas científicas, una catalana y la otra alemana.
Sus papeles fueron llevados a París, mientras que los instrumentos
de precisión fueron recogidos por Martí Franquès
en su casa, en Tarragona.
Juli Verne glosó
la expedición de Méchain y Aragó como una de las
grandes expediciones científicas y en su memoria escribió
el libro Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral;
recordar, por tanto, el espíritu universalista y científico
de la expedición, que, en palabras de Biot y Aragó, fue
"la más grande en su género y la más perfecta
que se pueda ejecutar", era una deuda de Ios científicos e,
indudablemente, de Ios excursionistas catalanes y valencianos. El Centre
Excursionista de Catalunya ha sido, sin duda, el motor y el alma de la
celebración.
La
cifra CERO, una gran desconocida
El Cero es la Cifra más importante en cualquier sistema numérico
y también en un sistema lógico. Pero no hay que confundir
el cero con la "nada", esta confusión es inadmisible
tanto en la lógica como en la matemática.
El cero permite un sistema en el cual sólo diez símbolos
pueden representar cualquier número y simplificar la forma de hacer
las operaciones.
También es importante destacar como el ordenador utiliza un sistema
de numeración binario (diferente del decimal que utilizamos en
la vida cuotidiana), es decir, un sistema posicional de numeración,
de base dos, que se sirve únicamente de dos símbolos: el
uno y el cero.
Pero, ¿de donde viene esta cifra, este concepto cero?
Los hindúes
pasaron a los árabes a finales del siglo VIII su numeración,
en la cual el cero se denominaba shunya, que quiere decir "vacío"
y se representaba con un pequeño redondel. Los árabes la
tradujeron por sifr que los latinos convirtieron en zephirum y de aquí
llegamos a cero. La palabra sirf sirvió para denominar todos los
números: cifra.
Los árabes
introdujeron en Occidente el sistema decimal y el concepto del cero, que
causó un gran impacto en las matemáticas, permitió
el esplendor del álgebra y también la construcción
de las primeras tablas trigonométricas y astronómicas.
Los árabes
llegaron a Europa, por Andalucía, hacia el año 800 dC. Aquí
aún se utilizaban los sistemas griego y romano de numeración,
que eren mucho más retrasados que el indo-árabe. La nueva
numeración pronto ganó adeptos en los reinos cristianos
que crecían a medida que la reconquista avanzaba.
El hecho que
Borrell II, conde de Barcelona, trajese el monje benedictino Gerbert d'Orlahc
a Cataluña y le hiciese aprender matemáticas y astronomía
tuvo como consecuencia que cuando este se convirtió en Papa, con
el nombre de Silvestre II, contribuyese fuertemente en la adopción
del sistema decimal en Europa y, por tanto, se convirtió en un
de los difusores más importantes de la nueva numeración
y, en especial de la cifra cero.
En la edad media,
los matemáticos árabes occidentales utilizaban estas representaciones
de les cifras numéricas, que evidentemente no son muy diferentes
de las que se usan actualmente:
 |

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François Dominique
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Història de la meva joventut. Barcelona. Barcino. 1937.
Ed. Cata-lana. (Un libro autobio-gráfico delicioso del
as-trónomo y matemático qui-zás de más
prestigio en el siglo XIX francés.)
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