RUTAS TEMÁTICAS

RT- 6
RUTA DEL MERIDIANO VERDE

Introducción

El año 1998 se conmemoró el 200 aniversario de la decisión de crear el METRO. Para determinar la medida que este debía hacer se decidió medir la longitud de una parte del arco de un meridiano terrestre, concretamente el 002º20'14'', entonces denominado meridiano 0, o de París, con inicio en Dunkerque y final en Barcelona, en realidad el final era en el Masnou.

Es evidente que antes de tomar esta decisión las cortes francesas sopesaron diferentes posibilidades y diferentes formas de conseguir la determinación de la nueva medida ("metro" procedente del griego "metron"), y finalmente se decidieron por esta solución.

Pero la idea de crear lo que después se diría "Sistema Métrico Decimal" ya tenía unos cuantos años, ya que, a finales del siglo anterior, concretamente en el 1670, el vicario de la parroquia de San Pablo de Lión, Gabriel Montou, ya lanzó la idea de una medida universal, única y basada en la naturaleza, concretamente propuso un sistema decimal de medida basada en la longitud del arco de meridiano, correspondiente a un ángulo de un minuto.

Ello no obstante, en el momento de buscar antecedentes a estas decisiones habrá de tenerse en cuenta la aportación del monje benedictino Gerbert d'Orlhac, que fue Papa con el nombre de Silvestre II. Su aportación, ya en el siglo X, fue la asunción y difusión de la cifra cero en el sistema numérico de Europa.

Es evidente que esta aportación no estaba intencionalmente relacionada con la determinación de la longitud del metro, pero sí que se puede decir que facilitó, ocho siglos después, que los matemáticos dispusiesen de unos conocimientos que les habían de permitir el hacer realidad las mediciones. De la misma forma, por ejemplo, que sin esta aportación, un milenio después, el sistema binario (1-0), que es el que rige les intimidades en los programas de informática, lo que mueve el mundo hoy en día, tampoco habría sido posible.

Hay que citar que Gerbert d'Orlhac (938 [?]-1003), nació en Auvergne, Aquitania, y fue monje en el monasterio de Saint-Géraud d'Orlhac pero se formó como matemático, astrónomo, etc. en nuestras tierras (estudió en Vic, Ripoll y a Barcelona) gracias a las relaciones que entonces existían con la cultura árabe, la verdadera introductora de la cifra cero y de muchos otros conceptos, como los relacionados con la agricultura, la medicina, etc.

La Ruta del Meridiano Verde
El año 2000 varias entidades cívicas francesas y catalanas, con la colaboración de las administraciones de ambos países, organizaron una serie de actividades para conmemorar los 200 años del establecimiento del Sistema Métrico Decimal y la medición de la longitud del meridiano Dunkerque - París - Barcelona.


Placa altimétrica en la fachada del CEC
(Foto: J. M. Jerez)

Entre los actos realizados hay que destacar la plantación de miles de árboles a lo largo de esta línea imaginaria en Francia y una serie de excursiones efectuadas por el Centre Excursionista de Catalunya a los puntos más significativos de la geografía de los Països catalans que sirvieron de vértice geodésico en la medición, con la colocación de placas conmemorativas en diferentes lugares (castillo de Montjuïc, torre del Rellotge del muelle de Pescadors y en la sede del CEC a Barcelona, en Alella, en Tarragona, en la cima del Puigsacalm, etc.). Ver el núm. 797, Febrero 1995, de la revista "Muntanya" del CEC.

Para dar una proyección de futuro a esta efeméride y una perspectiva de reencuentro con la naturaleza, se acordó rebautizarlo como Meridiano Verde. Una de las propuestas efectuadas fue el acondicionar y marcar una ruta que se ajustase el máximo posible al trazado del histórico meridiano de París y que se integrase en la red de itinerarios excursionistas del país.

Orígenes históricos

Actualmente para medir longitudes se utiliza el metro y sus divisores, los decímetros, los centímetros y los milímetros. La familiaridad de estas unidades da la impresión que han existido siempre, pero sólo 200 años atrás la palabra metro no tenía ningún significado.
Efectivamente, con la ley de 10 de Diciembre de 1799 nace el metro que conocemos, pero, ¿de donde proviene su longitud? La historia de la determinación de esta distancia es tan compleja como apasionante y una parte importante de ella ocurrió por tierras catalanas.
Antiguamente para medir se utilizaban otras unidades como la vara, la cana o el diestro, que tenían longitudes diferentes según el lugar geográfico; así, por ejemplo, la cana de Barcelona era diferente de la cana de Puigcerdà o a la del Rosselló. Ante esta disparidad de unidades de medida, por parte de los gobiernos y monarquías de diferentes países se efectuaron varios intentos de unificación.
Los avances científicos del siglo XVIII, especialmente en el campo de la geografía, la óptica, la geometría y la astronomía, motivaron el serio planteamiento del problema para encontrar una unidad de medida universal basada en una dimensión geográfica, como puede ser el meridiano terrestre.
Todo empezó el Marzo del 1790. En el marco de los cambios radicales que los revolucionarios franceses querían introducir en las leyes y costumbres del ancién régime, un obispo, Carlos Mauricio de Talleyrand, realizó ante la Asamblea Nacional francesa una proposición verdaderamente revolucionaria.
Repetidamente se había pedido en Francia la unificación y control estatal de las pesas y medidas que se utilizaban en ciudades y territorios de la nación. Los abusos y escándalos, más que la propia diversidad de las medidas, hacían insoportable un sistema metrológico caótico, pero solamente una revolución podía cambiar el viejo orden feudal en que se suportaba.
Talleyrand, hábil político, se aseguró el éxito de su iniciativa proponiendo un sistema metrológico completamente nuevo, en el que un patrón fundado en la naturaleza, por no ser de ninguna, podría ser aceptada por todas las naciones, y especialmente por Inglaterra, y convertirse así en una medida universal. El patrón elegido, ya propuesto sin éxito por científicos y economistas desde hacía más de un siglo, era la longitud de un péndulo que oscilase en intervalos de un segundo de tiempo a la latitud de 45 grados.
La iniciativa fue efectivamente aprobada por la Asamblea Nacional un 8 de Mayo de 1790 y Luís XVI invitó formalmente al rey de Inglaterra a colaborar en la determinación de la nueva medida.
Inglaterra no respondió. Francia quedaba sola en su intento de crear la medida universal e intentó otro camino. Un 19 de Marzo de 1791, la Acadèmia de Ciències de París propuso la substitución del péndulo por otra medida procedente de la naturaleza. El metro, si se aceptaba la nueva propuesta, sería la diezmillonésima parte del cuadrante de un meridiano terrestre. El 26 de Marzo la Asamblea Nacional aprobó el cambio y el proyecto de medición presentado por la academia, que incluía un plan de trabajo en el cual participarían casi todos los miembros de la institución.

La nueva unidad se llamaría METRO (del griego metron, que quiere decir medida) y se dividiría en fracciones decimales: el decímetro (la decena parte del metro), el centímetro (la centésima parte del metro) y el milímetro (la milésima parte del metro).

Ante la imposibilidad de medir todo un cuarto de meridiano, desde el polo Norte al Ecuador, la solución era medir un trozo y calcular matemáticamente el valor del total. El arco de meridiano escogido en la propuesta de la academia fue el comprendido entre Dunkerque, cerca del mar del Norte, y Barcelona, en la costa mediterránea de la península ibérica.

¿Porqué Barcelona?

El informe del 19 de Marzo se extiende abundantemente sobre la conveniencia de situar el extremo inferior del arco en Barcelona. Las razones son científicas: si se escogía como meridiano base el que pasaba por el Observatorio de París, repetidamente medido ya en territorio francés desde hacía más de un siglo, los dos extremos deberían estar al nivel del mar, y el meridiano de París tocaba el mar en Barcelona. Barcelona, además, estaba lo suficientemente alejada de los Pirineos como para que la masa de estos no afectase la dirección de la vertical, en el momento de determinar la latitud del extremo inferior del arco. El punto medio del arco, finalmente, se situaría más cerca del paralelo 45 que si la medida se limitaba solamente en territorio francés y ello comportaría ventajas en el cálculo matemático del total.
Pero, como incluso denunciaron algunos científicos importantes, estas razones no eran más que justificaciones ad-hoc de una elección del patrón poco científica. Los errores que se podían esperar de una operación tan compleja como la medición exacta de una distancia de cerca de mil kilómetros hacía utópica la pretendida exactitud del nuevo patrón. Había razones extracientíficas detrás de la decisión tomada. Como se indicó en varias publicaciones, la operación escondía un intento de la Academia de Ciencias para hacer valer su utilidad a la nación en tiempos que se planteaba su disolución como residuo clasista del viejo régimen. Otra utilidad del arco propuesto debió ser apreciada por los promotores de la medida universal: incluir Barcelona internacionalizaría la nueva medida, que ya no sería solamente francesa. El reino de España, importante en el concierto europeo a falta de Inglaterra, participaría desde el principio en la operación.
La decisión estaba tomada. El 30 de Marzo de 1791, un Luis XVI prácticamente desposeído de todo poder, sancionó con su firma el proyecto de la Academia de Ciencias y se encargó a los topógrafos Pierre François André Méchain y Jean Baptiste Joseph Delambrede llevar a termino la medición del meridiano.
Los dos sabios se repartieron el trabajo: Delambre se quedó la parte del Norte desde Dunkerque hasta Rodez y el resto hasta Barcelona quedó asignado a Méchain.

La técnica a utilizar sería la de la triangulación geodésica. Se trazaría una cadena de triángulos, los vértices de los cuales serían montañas situadas a lo largo del meridiano y se calcularía sus dimensiones a partir de la medición de dos "bases" o longitudes de entre 6 y 10 Km., cuidadosamente medidas por medio de reglas ajustadas sobre la medida del patrón más perfecto que existía en Francia: la denominada "toesa de la academia" que materializaba la longitud de la toesa, o medida nacional francesa hasta la adopción del metro.
Había, pues, de decidir que cimas serían los vértices de los triángulos, subir a las cimas de las montañas y medir desde ellas los ángulos que formaban las cimas vecinas. Méchain decidió empezar por la parte española. El 22 de Abril de 1792 se solicitó la colaboración de Carlos IV, rey de España, que aceptó y asignó a la operación dos matemáticos civiles: José Chaix, vicedirector del observatorio de Madrid, y Juan de Peñalver. A ellos se unieron los marineros José González, capitán además del bergantín "Corzo", también puesto a disposición de los científicos, y los oficiales Francisco Planes, Miguel Bueno y Miguel Alvarez.


La medición en els Països Catalans

Méchain llegó a Barcelona el 10 de Julio de 1792. Se encontró con González y juntos establecieron el plan de trabajo. Se escogieron las montañas entre Barcelona y los Pirineos que serían los vértices de los triángulos catalanes y se discutió un nuevo proyecto que los españoles propusieron al astrónomo francés: Si el arco terminase en Mallorca en lugar de hacerlo en Barcelona, su mitad estaría situada más exactamente sobre el paralelo 45. De aceptarse la propuesta habría que bajar hacia el Sur para escoger montañas adecuadas para trazar nuevos triángulos, y pasar a Mallorca para encontrar las montañas desde las que se viesen las cimas de la sierra costera catalana, además de realizar una triangulación interna de las islas Baleares.
La idea de la prolongación del arco hasta las Baleares, y más concretamente, hasta la pequeña isla de Cabrera no era original de Méchain ni de González. La había propuesto ya, al inicio de los trabajos en Francia, el marinero y astrónomo José de Mendoza, que estaba en París y se había unido a los miembros de la academia que preparaban el nacimiento del nuevo sistema métrico.
Méchain llegó a España sin autorización para llevar a cabo esta prolongación, pero la recibió, en carta de la Convención Nacional francesa, hacia el 27 de Octubre de 1792. Hasta aquel momento franceses y españoles ya habían reconocido y empezado a medir los triángulos que se soportaban en las cimas del pico de Calmelles, Mare de Déu del Mont, Puigsacalm, Rocacorba, puig Rodó, Matagalls, Montserrat, Mont Mates, Vallvidrera, o Santa Creu de l'Olorde y Montjuïc, la estación más meridional de la primera de las cadenas proyectadas, ya a las afueras de Barcelona, en la cual Méchain acabaría la medición de ángulos el 29 de Octubre.


Castillo de Montjuïc de Barcelona (Foto: J.M. Jerez)

Méchain empezó a determinar el azimut de uno de los lados del último triángulo de la cadena y la latitud de un punto, en el foso del castillo de Montjuïc, que seria el extremo meridional del arco previsto. Después de las primeras mediciones de azimut y latitud, volvió con González, convertido en virtual director de operaciones por parte española, y el resto de los científicos, a las estaciones del Norte para concluir la medición definitiva de los ángulos entre los vértices de los triángulos establecidos.
Una vez todos los expedicionarios de regreso a Barcelona, ya el Diciembre de 1792, González pasó a Mallorca con el Corzo para efectuar un reconocimiento de las montañas y alumbrar reverberos (una combinación de espejos y fuego) en sus cimas, con el objeto que Méchain comprobase si era posible medir un gran triángulo sobre el mar, operación antes nunca realizada.
Desde la cima del puig Major de Mallorca, la noche del 16 de Diciembre, González encendió un reverbero orientado hacia Montjuïc, que Méchain percibió con su telescopio pero no con las lentes de su instrumento de medición de ángulos, el círculo de Borda. Méchain decidió que, con los instrumentos que disponía, no era posible la unión geodésica de las Baleares con la cordillera costera catalana, al Norte de Barcelona. El astrónomo concluyó las operaciones de determinación de la latitud de Montjuïc y se preparó para volver al Norte, pasar a Francia y unir la cadena de triángulos española con las estaciones del otro lado de la frontera.
Pero un acontecimiento imprevisto alteró sus planes. El 21 de Enero de 1793 Luis XVI era guillotinado en París y corrían vientos de guerra entre Francia y España. El capitán general de Cataluña le permitió seguir sus operaciones en tierras catalanas pero le prohibió acercarse a la frontera para que sus actividades en las cimas de las montañas no pudieran interpretarse como acciones de información y espionaje.
Reducido a la inactividad, Méchain utilizó su ocio en la realización de varias observaciones astronómicas, como el eclipse de luna del 25 de Febrero de 1793 y visitando algunos intelectuales catalanes, mientras enviaba uno de sus colaboradores de confianza, Tranchot, ingeniero geógrafo, a las montañas del Sur para buscar lugares más propicios para la unión con las Baleares. Fue en el transcurso de una de estas visitas, a la finca de un medico, posiblemente Francesc Santpons i Roca, para observar el funcionamiento de una máquina hidráulica, cuando tuvo un grave accidente que le obligó a permanecer en cama durante cinco meses.
La guerra con Francia, que se declaró el 7 de Marzo, seguía en su apogeo, a pesar de ello, Méchain consiguió permiso para terminar las estaciones en las fronteras pero no para volver a Francia; entretanto Tranchot, arriesgando su vida, cruzó la frontera para preparar las estaciones de las vecinas montañas francesas que conectarían las triangulaciones de los dos países.
El 3 de Noviembre de 1793, las últimas mediciones angulares en tierras catalanas estaban terminadas. En ese mismo año, con la medición definitiva aún por precisar, se construyó un patrón provisional que daba la medida del metro a partir de datos geodésicos incompletos. Dos años después, el 1795, Francia adoptó oficialmente el sistema de medidas basado en el metro.

De retorno a Barcelona y ante la imposibilidad de volver a su país, impedido también de acceder al fuerte de Montjuïc, zona militar en tiempos de guerra, Méchain se entretuvo calculando la latitud de la terraza de su habitación en la fonda donde se hospedaba, denominada Fontana d'Or, situada en la calle Escudellers. Por medio de una pequeña cadena de triángulos geodésicos, pretendía unirla a su primer punto de observación en Montjuïc y comprobar así la latitud anteriormente determinada. La discrepancia entre las dos determinaciones, de aproximadamente 3 segundos de arco, no comunicada por Méchain a la comisión que realizaría posteriormente los cálculos del meridiano, sería motivo de críticas a la labor del astrónomo.

A finales del 1794, el nombramiento de un nuevo capitán general más favorable, permitió a Méchain abandonar Cataluña rumbo a Italia, desde donde retornó a Francia. El astrónomo se detuvo en Marsella, donde permaneció durante medio año con varias excusas. Desde allí, y sin volver a París, conmovido por la revolución y el terror, se dirigió a la parte francesa de los Pirineos para terminar la cadena de triángulos. En las mediciones desde las cimas del puig de Calmelles y del Puy de l'Estella, última estación en España y primera en Francia, hasta Rodez tardó casi tres años, entre constantes peticiones y reclamaciones de sus compañeros de operación que estaban en París. Delambre mismo, acabada la base que había de medir en Melun, cerca de París, tubo que viajar al Sur para encargarse de la medición de una base de comprobación en Perpinyà que, con la ya medida, constituía la pieza clave para el cálculo de la longitudes de los lados de los triángulos geodésicos y su proyección sobre el meridiano.
Finalmente, Méchain y Delambre se reunieron en Carcassona y juntos retornaron a París a finales del Agosto de 1798 con los datos de las mediciones efectuadas entre Barcelona y Dunkerque. El Noviembre se reunieron por primera vez los delegados de los países que habían aceptado la invitación de Talleyrand, nombrado ministro de asuntos exteriores de Francia, para colaborar en los cálculos y operaciones necesarios para determinar los patrones del nuevo sistema métrico, entre los cuales había los españoles Gabriel Ciscar y Agustín de Pedrayes. Durante seis meses se efectuaron los trabajos necesarios para determinar matemáticamente la longitud de la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano de París, el metro, y los patrones de capacidad, un decímetro cúbico o litro, y peso, el peso de un decímetro cúbico de agua destilada, el kilogramo. Finalmente, el 22 de Junio de 1799, el representante de Holanda, Van Swinden, leyó ante todos los delegados las conclusiones finales. Después de largos cálculos y algunas concesiones poco justificadas, se decidió que el metro, la diezmillonésima parte del cuadrante de un meridiano terrestre, mediría 3 pies de rey, 11 líneas y 296 milésimas de línea, casi 0,32 milímetros más corto que el metro provisional calculado el 1795. Una toesa francesa de seis pies valdría 1,9490366 metros.
Una ley de 19 frimario del año 8 de la República Francesa (10 de Diciembre de 1799) firmada por el primer cónsul, Napoleón Bonaparte, lo establecía para siempre con el lema: "Para todos los pueblos y para todos los tiempos". Había nacido el metro definitivo y el nuevo Sistema Métrico Decimal.


Comprobación de la exactitud del metro

En el informe de Van Swinden, no obstante, no se dan por cerradas las operaciones emprendidas en Cataluña. Recordando los planes de Méchain para extender la medición hasta a Cabrera, concluyó su relato sobre las operaciones en la parte Sur del arco de meridiano con unas palabras proféticas: "...Esperamos que circunstancias favorables permitirán ejecutar un día lo que hasta ahora no se ha podido efectuar."
Estas circunstancias se dieron en el 1802. En las actas del Bureau des Longitudes, el organismo francés encargado de la astronomía y la geodesia, del día 31 de Agosto de 1802, se recoge la noticia que uno de sus miembros, sorprendentemente no identificado, propone continuar las operaciones geodésicas en España. Méchain, en aquel momento capitain concierge o responsable del Observatorio de París, fue invitado a dar su opinión. Consecuencia de todo ello fue un informe al ministro del interior, con un plan de trabajo preciso, en el cual se proponía llegar con la triangulación hasta Eivissa, bajando por las montañas catalanas hasta Tortosa para encontrar puntos desde los cuales se pudiera percibir esa isla. La utilidad de la operación se justifica con argumentos matemáticos orientados a obtener una mayor exactitud en la determinación del metro, ya que se mediría el metro definitivo eliminando los artificios matemáticos a que se había tenido que recorrer debido al imperfecto conocimiento que se disponía sobre el aplastamiento de la Tierra. Al mismo tiempo, y a pesar de las reticencias de otros astrónomos que preferían alguien más joven, reclamó para si mismo el cargo de Jefe de la expedición.
El 13 de Octubre de 1802 Méchain recibió la orden de viajar a Barcelona y a las Baleares. Se solicitó al rey de España el permiso y la colaboración y se aportaron los fondos y el personal necesario. Obtenido el acuerdo del gobierno español, que nombró para acompañar a los franceses un oficial de marina, Pascual Enrile y de nuevo a José Chaix, Méchain se preparó para viajar a Barcelona. El 5 de Mayo de 1803, después de un agradable viaje, llegó a la ciudad Condal con tres acompañantes y se dispuso a cumplimentar el capitán general de Cataluña, el Conde de Santa Clara.


Observatorio de París segle XVIII

Si en el primer viaje todo habían sido facilidades, en este todo eran demoras. El capitán general no había recibido órdenes de Madrid; el barco prometido, al mando del oficial Enrile, estaba parado en Cartagena y el tiempo favorable para las observaciones sobre el mar, antes que los calores del verano las hiciese imposibles, pasaba inexorablemente. Un Méchain desesperado escribió a su embajador en Madrid para que agilizase las autorizaciones de la corte y mientras, con autorización del capitán general, bajó por la costa para reconocer las montañas más favorables. El 17 de Agosto de 1803 observó desde Tortosa un eclipse de Sol. Una tras otra, fue subiendo a las montañas más altas del Sur de Cataluña con la esperanza de ver desde ellas les islas.
Falto de medios para ir a las islas, empezó con sus colaboradores una serie de mediciones de triángulos durante los meses de Septiembre y Octubre de 1803. Desde el Montsià, al Sur del Ebro, pasó a Llaberia, al Norte de Tortosa y desde este lugar a Sant Joan, cerca de Altafulla, al puig de la Morella, en el macizo del Garraf y, finalmente, a la cima de Montserrat ya utilizada, que con la estación del Mont Alegre de Matas, permitía unir esta nueva cadena de triángulos con la medida el 1792.
Entretanto, el barco de Enrile, que se acercaba a Barcelona, fue desviado a Menorca para guardar una cuarentena ante el temor que hubiese entrado en contacto con otros barcos infectados de fiebre amarilla. Méchain intentó sin éxito conseguir otro barco. Chaix, cansado y reclamado por asuntos en Madrid, le abandonó y el astrónomo francés aceptó la colaboración de un fraile profesor de matemáticas barcelonés, Agustí Canelles i Carreres y de un noble valenciano, astrónomo aficionado, Faust Vallés i Vega, XII barón de la Pobla Tornesa y la Serra d'en Galceran.
Reducido a la inacción, Méchain decidió proseguir hacia el Sur, hacia el Reino de Valencia, para determinar si desde sus montañas era más fácil la visión de las islas. Con el barón de la Pobla Tornesa subió a una de sus propiedades, el macizo del Desert de les Palmes, al Norte de Castelló, desde el cual a menudo se ve Eivissa. Con el barón descansó en sus casas solariegas de Pobla Tornesa y Castelló hasta que se le comunicó la disposición de otro barco. Volvió a Barcelona y el 8 de Enero de 1804 embarcó hacia Eivissa, donde consiguió llegar, después de una complicada travesía llena de aventuras, el día 15.
Al subir a las montañas de Eivissa comprobó la dificultad de ver la costa catalana. Dos planes se le presentaban: unir las islas a través de Mallorca con un gran triángulo descansando en los vértices del Montsià, Desert de les Palmes y puig Major y, desde allí cerrar una triangulación interna de las islas, o bien a través de Eivissa, bajar aún más hacia el Sur por la costa valenciana, llegando hasta Cullera o incluso el Montgó, cerca de Dénia. Pasó a Mallorca, subió al puig Major, que él denominaba Silla Torrellas y que entonces se conocía como Sella de Son Torrellas, y se decidió. Uniría Mallorca con los picos del Desert, Montsià y el puig de la Morella, mediría una base de comprobación en Mallorca y realizaría una triangulación interna de las islas para llegar a Eivissa y Cabrera, apoyándose en la montaña dels Masons y en una loma de esta pequeña isla.
En ese momento le llegaron las respuestas a las repetidas cartas que había mandado a París explicando sus planes. El Bureau des Longitudes le ordenaba unir la cadena costera con las islas a través de Eivissa y Cullera, midiendo una base en un lugar conveniente cerca de esta última población.
Un Méchain agotado no se atrevió a contradecir a sus compañeros de París. Se embarcó hacia València, donde llegó a finales de Abril de 1804 para alojarse en la casa valenciana del barón de la Pobla Tornesa, con el cual descansó, realizó mediciones astronómicas, como la determinación de la latitud del Miquelet, la torre de la catedral de València, y buscó un lugar idóneo en la Albufera, un lago situado entre València y Cullera, y en las marismas del puig de Santa Maria, al Norte de València, para medir su base. Después recorrió de nuevo las montañas valencianas, la Casueleta, al Este de Cullera, un pico en la sierra de Espadan, el Desert, la Muela d'Ares, sobre esta población del Maestrat, la peña de Bel, cerca de Rossell y la Sénia, el Mont Caro, cerca de Tortosa y el pico de Llaberia.
Decididas las estaciones de su cadena, vuelve a Cullera para empezar a medir y descubrió que desde el punto más alto de la montaña cerca de la población era extremadamente difícil ver claramente las montañas de Eivissa. Empezó a medir la cordillera costera y pasó a la Casueleta, al puig de Santa Maria, donde según parece se contagió de paludismo por los mosquitos de las marismas y en la sierra de Espadan. En Espadan cayó enfermo, se agravó su estado y finalmente fue bajado a Castelló, a la casa del barón de la Pobla Tornesa, en la actual plaza de Cardona Vives, donde murió entre los brazos de este, el 20 de Septiembre de 1804.
Una de les glorias de la astronomía francesa está enterrada en el cementerio de Castelló.
Un viaje científico, convertido en impresionante y desgraciada aventura, terminó. Sus ayudantes volvieron a Francia con la mayor parte de los instrumentos y los cuadernos de notas de Méchain, dejando otros en previsión de una posible reemprendida de los tan trágicamente interrumpidos trabajos.


Continuación de los trabajos de Méchain

Si en el 1802 aún podía tener algún interés comprobar la exactitud del metro, en el 1806 este problema ya era irrelevante. Los problemas del metro eran más de implantación que de exactitud. El mundo científico ya había asimilado la lección que la Tierra no es un elipsoide perfecto, que todos los meridianos no son iguales y que el metro legal era meramente una distancia entre dos líneas.
El problema científico más actual en la época, pues, era básicamente el tener buenas medidas de arcos sobre la Tierra que de ajustar aún más exactamente el valor del metro. En este ambiente, Laplace, el científico más influyente de Francia, solicitó directamente al emperador Napoleón la continuación de las mediciones de Méchain en Cataluña, València y las Baleares para prolongar el meridiano de París.
La propuesta, naturalmente, fue bien acogida y se designó a Jean Baptiste Biot,, científico ya reconocido, y a un joven secretario del Observatorio de París, Jean François Dominique Aragó, natural de Estagel, en el Rosselló, y de habla catalana, para continuar los trabajos de Méchain. El 20 de Septiembre de 1806, justo dos años después de la muerte de Méchain, llegaron a Barcelona acompañados por un matemático español asignado a la operación y que estaba en París, José Rodríguez González, se entrevistaron con el conde de Santa Clara, recibieron los permisos y continuaron hacia Tarragona y València.



Mola de s'Esclop (926 m) sierra de Tramuntana (Mallorca)



Restos de la cabaña utilizada por François Aragó en la cima de la Mola de s'Esclop

En València se reunieron con José Chaix, de nuevo asignado a la operación del meridiano y durante casi dos años recorrieron las montañas del Sur de Cataluña, València y Baleares en otra interesante aventura científica y humana que Aragó explicará, al final de la su vida, en su Historia de mi juventud. El fruto de la aventura sería la efectiva prolongación del meridiano de París desde Barcelona a la isla de Formentera, la comprobación que el valor del metro deducido del nuevo arco a penas variaría en dos milésimas de milímetro y un proyecto que tardaría tres cuartos de siglo en realizarse: la prolongación del meridiano hasta las costas de Argelia .
A lo largo del siglo XIX muchos estados implantaron oficialmente el nuevo Sistema Métrico Decimal, pero fueron muy pocos los que le adoptaron en la vida cuotidiana. En España, el Sistema Métrico Decimal se implantó legalmente por Real Orden de 15 de Abril de 1848 y se hizo obligatorio para todos los españoles el primero de Enero de 1860. Pero a pesar de las leyes promulgadas, casi todo el mundo continuaba usando las medidas que había hecho servir toda la vida.
Durante la segunda mitad del siglo XIX convivían los dos sistemas de medida, hasta que poco a poco, gracias a la educación y a las ventajas unificadoras del nuevo sistema, se adoptó definitivamente el metro y sus derivados en casi todos los ámbitos donde había alguna cosa para medir.

Barcelona, Montjuïc, las montañas catalanas, valencianas y baleares y muchos de sus lugares más característicos, entran así a formar parte de la historia del metro, aunque para muchos catalanes el único recuerdo de estas fantásticas aventuras lo constituyan los nombres de dos calles, la avenida Meridiana y el Paral·lel, que tantos transitan sin saber que la su historia está tan ligada a la del metro que usan frecuentemente.


Información sobre algunos colaboradores de los Països Catalans que tuvieron los científicos franceses que efectuaron la medición del meridiano.

Canelles i Carreres, Agustí
Ciscar i Ciscar, Gabriel
Chaix Isniel, Josep
de Martí i Franquès, Antoni
Salvà Campillo, Francesc
Santponç i Roca, Francesc
Vallés i Vega, Faust


Actuaciones relacionadas con la conmemoración de la medición del meridiano de París

Cima del Puigsacalm

Al pie del vértice geodésico situado en la cima del Puigsacalm hay una placa conmemorativa de los 200 años de las mediciones. (Foto: J.M. Jerez)

Playa de Ocata (El Masnou)


En la playa de Ocata, en el municipio del Masnou, el 23 de Septiembre del 2003 se puso una placa que sitúa el paso del meridiano de París por este punto.

En esa fecha se efectuó la presentación de la guía de la ruta del Meridià Verd en esta población.

Fotos: J.M. Jerez

 


Muelle de Pescadores (Barcelona)


En la torre del Rellotge, en el muelle de Pescadors de la Barceloneta (Barcelona), hay una placa del 1999 conmemorativa de los 200 años de las mediciones.
(Foto: J. M. Jerez)


Castillo de Montjuïc (Barcelona)

Hay una placa conmemorativa de los 200 años de las mediciones en la torre de base del palo de la bandera que corona el recinto.
(Foto: J. M. Jerez)

La obra de Valérie Berjeron "La talla mètrica de la natura", que asocia el metro lineal a su correspondiente tiempo natural.
Al extremo nordeste del foso del castillo, con a una bella vista sobre el mar, alrededor de una torre de hormigón de 9 metros de alto es plantaron tres árboles de diferentes ritmos de crecimiento: una encina (Quercus suber), un albericoquero (Prunus armeniaca) y un albor blanco (Populus alba bolleana). (Foto: J. M. Jerez


Plaza de las Glòries Catalanes (Barcelona)

En el centro de la plaza de las Glòries Catalanes hay un monumento al meridiano, obra de los escultores parisinos François Scali y Alain Domingo que representa a escala el perfil terrestre del meridiano de París. Es de acero, mide 35 metros de largo por 1,75 de alto en el punto máximo y fue inaugurado en el 1992. (Foto: J. M. Jerez)

Vallfogona de Ripollès

En la población de Vallfogona de Ripollès hay un paseo con un monolito dedicados al Meridià Verd. (Foto: J. M. Jerez)

Señalización de la ruta del Meridià Verd



Plafón explicativo del meridiano situado al Sur de la sierra Cavallera (Foto: Jordi Embodas)
 


Señalización vertical de la ruta
(Foto: J. M. Jerez)



Señaltzación horitzontal de la ruta (Foto: J. M. Jerez)


Señalización con pegatinas en los núcleos urbanos

Enlaces relacionados con el Meridiano de París

El metro por tierras catalanes
http://www.uv.es/~ten/metro.htm

El metro en Barcelona
http://www.astrogea.org/ipa/galeria/bcnmetro/index.html

El Meridià Verd en França
http://www.icilacreuse.com/carte/meridien/
http://www.ville-rungis.fr/corps_merid.htm#paris
http://www.apgi.net/andouque/nouveaut.htm
http://www.ac-clermont.fr/actualit/pedago/2000france/piquenique.htm
http://www.chez.com/t3m/doc-douzet-meridien-zero.htm
http://saint.martin95.free.fr/lameridienneverte.html
http://smdsi.quartier-rural.org/meridiv/meridiv.html
http://perso.wanadoo.fr/arverne.03/huriel/meridienne.html
http://www.espace-ecoles.com/animation/info/la_meridienne_verte.htm
http://www.aude.pref.gouv.fr/actualite/act-br-meridienne.htm
http://www.obs-nice.fr/bijaoui/Arago/sld082.htm
http://gallica.bnf.fr/anthologie/notices/00414.htm

Un metro de historias
http://www.el-mundo.es/larevista/num184/textos/metro1.html

Departamento de Metrología
http://www.metrologia.csic.es/defmetro.HTML

Antecendentes del metro
http://www.culturaclasica.com/cultura/sistema_metrico.htm



Introducción

La ruta del Meridiano
Verde

Orígenes históricos

¿Porqué Barcelona?

La medición en els Països Catalans

Comprobación de la exactitud del metro

Continuación de los trabajos de Méchain

Información sobre algunos colaboradores catalanes que tuvieron los científicos franceses que efectuaron la medición del meridiano.

Actuaciones relacionadas con la conmemoración de la medición del meridiano

Señalización de la ruta del Meridià Verd

Enlaces






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