|
RT-
6
RUTA DEL MERIDIANO VERDE
Introducción
El año 1998 se conmemoró el 200 aniversario de la decisión
de crear el METRO. Para determinar la medida que este debía hacer
se decidió medir la longitud de una parte del arco de un meridiano
terrestre, concretamente el 002º20'14'', entonces denominado meridiano
0, o de París, con inicio en Dunkerque y final en Barcelona, en
realidad el final era en el Masnou.
Es evidente
que antes de tomar esta decisión las cortes francesas sopesaron
diferentes posibilidades y diferentes formas de conseguir la determinación
de la nueva medida ("metro" procedente del griego "metron"),
y finalmente se decidieron por esta solución.
Pero la idea
de crear lo que después se diría "Sistema Métrico
Decimal" ya tenía unos cuantos años, ya que, a finales
del siglo anterior, concretamente en el 1670, el vicario de la parroquia
de San Pablo de Lión, Gabriel Montou, ya lanzó la idea de
una medida universal, única y basada en la naturaleza, concretamente
propuso un sistema decimal de medida basada en la longitud del arco de
meridiano, correspondiente a un ángulo de un minuto.
|
|
Ello no obstante,
en el momento de buscar antecedentes a estas decisiones habrá
de tenerse en cuenta la aportación del monje benedictino
Gerbert d'Orlhac,
que fue Papa con el nombre de Silvestre II. Su aportación,
ya en el siglo X, fue la asunción y difusión de la
cifra cero
en el sistema numérico de Europa.
Es evidente que
esta aportación no estaba intencionalmente relacionada con
la determinación de la longitud del metro, pero sí
que se puede decir que facilitó, ocho siglos después,
que los matemáticos dispusiesen de unos conocimientos que
les habían de permitir el hacer realidad las mediciones.
De la misma forma, por ejemplo, que sin esta aportación,
un milenio después, el sistema binario (1-0), que es el que
rige les intimidades en los programas de informática, lo
que mueve el mundo hoy en día, tampoco habría sido
posible.
|
Hay que
citar que Gerbert d'Orlhac (938 [?]-1003), nació en Auvergne, Aquitania,
y fue monje en el monasterio de Saint-Géraud d'Orlhac pero se formó
como matemático, astrónomo, etc. en nuestras tierras (estudió
en Vic, Ripoll y a Barcelona) gracias a las relaciones que entonces existían
con la cultura árabe, la verdadera introductora de la cifra cero
y de muchos otros conceptos, como los relacionados con la agricultura,
la medicina, etc.

La
Ruta del Meridiano Verde
El año 2000 varias entidades cívicas francesas y catalanas,
con la colaboración de las administraciones de ambos países,
organizaron una serie de actividades para conmemorar los 200 años
del establecimiento del Sistema Métrico Decimal y la medición
de la longitud del meridiano Dunkerque - París - Barcelona.
|

Placa altimétrica en la fachada del CEC
(Foto: J. M. Jerez)
|
Entre
los actos realizados hay que destacar la plantación de miles
de árboles a lo largo de esta línea imaginaria en Francia
y una serie de excursiones efectuadas por el Centre
Excursionista de Catalunya a los puntos más significativos
de la geografía de los Països catalans que sirvieron de
vértice geodésico en la medición, con la colocación
de placas conmemorativas en diferentes lugares (castillo de Montjuïc,
torre del Rellotge del muelle de Pescadors y en la sede del CEC a
Barcelona, en Alella, en Tarragona, en la cima del Puigsacalm, etc.).
Ver el núm. 797, Febrero 1995, de la revista "Muntanya"
del CEC. |
Para
dar una proyección de futuro a esta efeméride y una perspectiva
de reencuentro con la naturaleza, se acordó rebautizarlo como Meridiano
Verde. Una de las propuestas efectuadas fue el acondicionar y
marcar una ruta que se ajustase el máximo posible al trazado del
histórico meridiano de París y que se integrase en la red
de itinerarios excursionistas del país.
Orígenes
históricos
Actualmente para medir
longitudes se utiliza el metro y sus divisores, los decímetros,
los centímetros y los milímetros. La familiaridad de estas
unidades da la impresión que han existido siempre, pero sólo
200 años atrás la palabra metro no tenía ningún
significado.
Efectivamente, con la ley de 10 de Diciembre de 1799 nace el metro que
conocemos, pero, ¿de donde proviene su longitud? La historia de
la determinación de esta distancia es tan compleja como apasionante
y una parte importante de ella ocurrió por tierras catalanas.
Antiguamente para medir se utilizaban otras unidades como la vara, la
cana o el diestro, que tenían longitudes diferentes según
el lugar geográfico; así, por ejemplo, la cana de Barcelona
era diferente de la cana de Puigcerdà o a la del Rosselló.
Ante esta disparidad de unidades de medida, por parte de los gobiernos
y monarquías de diferentes países se efectuaron varios intentos
de unificación.
Los avances científicos del siglo XVIII, especialmente en el campo
de la geografía, la óptica, la geometría y la astronomía,
motivaron el serio planteamiento del problema para encontrar una unidad
de medida universal basada en una dimensión geográfica,
como puede ser el meridiano terrestre.
Todo empezó el Marzo del 1790. En el marco de los cambios radicales
que los revolucionarios franceses querían introducir en las leyes
y costumbres del ancién régime, un obispo, Carlos
Mauricio de Talleyrand, realizó ante la Asamblea Nacional francesa
una proposición verdaderamente revolucionaria.
Repetidamente se había pedido en Francia la unificación
y control estatal de las pesas y medidas que se utilizaban en ciudades
y territorios de la nación. Los abusos y escándalos, más
que la propia diversidad de las medidas, hacían insoportable un
sistema metrológico caótico, pero solamente una revolución
podía cambiar el viejo orden feudal en que se suportaba.
Talleyrand, hábil político, se aseguró el éxito
de su iniciativa proponiendo un sistema metrológico completamente
nuevo, en el que un patrón fundado en la naturaleza, por no ser
de ninguna, podría ser aceptada por todas las naciones, y especialmente
por Inglaterra, y convertirse así en una medida universal. El patrón
elegido, ya propuesto sin éxito por científicos y economistas
desde hacía más de un siglo, era la longitud de un péndulo
que oscilase en intervalos de un segundo de tiempo a la latitud de 45
grados.
La iniciativa fue efectivamente aprobada por la Asamblea Nacional un 8
de Mayo de 1790 y Luís XVI invitó formalmente al rey de
Inglaterra a colaborar en la determinación de la nueva medida.
Inglaterra no respondió. Francia quedaba sola en su intento de
crear la medida universal e intentó otro camino. Un 19 de Marzo
de 1791, la Acadèmia de Ciències de París propuso
la substitución del péndulo por otra medida procedente de
la naturaleza. El metro, si se aceptaba la nueva propuesta, sería
la diezmillonésima parte del cuadrante de un meridiano terrestre.
El 26 de Marzo la Asamblea Nacional aprobó el cambio y el proyecto
de medición presentado por la academia, que incluía un plan
de trabajo en el cual participarían casi todos los miembros de
la institución.
|
|
La
nueva unidad se llamaría METRO (del griego metron, que
quiere decir medida) y se dividiría en fracciones decimales:
el decímetro (la decena parte del metro), el centímetro
(la centésima parte del metro) y el milímetro (la milésima
parte del metro).
Ante la imposibilidad
de medir todo un cuarto de meridiano, desde el polo Norte al Ecuador,
la solución era medir un trozo y calcular matemáticamente
el valor del total. El arco de meridiano escogido en la propuesta
de la academia fue el comprendido entre Dunkerque, cerca del mar
del Norte, y Barcelona, en la costa mediterránea de la península
ibérica.
|
¿Porqué
Barcelona?
El informe del 19
de Marzo se extiende abundantemente sobre la conveniencia de situar el
extremo inferior del arco en Barcelona. Las razones son científicas:
si se escogía como meridiano base el que pasaba por el Observatorio
de París, repetidamente medido ya en territorio francés
desde hacía más de un siglo, los dos extremos deberían
estar al nivel del mar, y el meridiano de París tocaba el mar en
Barcelona. Barcelona, además, estaba lo suficientemente alejada
de los Pirineos como para que la masa de estos no afectase la dirección
de la vertical, en el momento de determinar la latitud del extremo inferior
del arco. El punto medio del arco, finalmente, se situaría más
cerca del paralelo 45 que si la medida se limitaba solamente en territorio
francés y ello comportaría ventajas en el cálculo
matemático del total.
Pero, como incluso denunciaron algunos científicos importantes,
estas razones no eran más que justificaciones ad-hoc de
una elección del patrón poco científica. Los errores
que se podían esperar de una operación tan compleja como
la medición exacta de una distancia de cerca de mil kilómetros
hacía utópica la pretendida exactitud del nuevo patrón.
Había razones extracientíficas detrás de la decisión
tomada. Como se indicó en varias publicaciones, la operación
escondía un intento de la Academia de Ciencias para hacer valer
su utilidad a la nación en tiempos que se planteaba su disolución
como residuo clasista del viejo régimen. Otra utilidad del arco
propuesto debió ser apreciada por los promotores de la medida universal:
incluir Barcelona internacionalizaría la nueva medida, que ya no
sería solamente francesa. El reino de España, importante
en el concierto europeo a falta de Inglaterra, participaría desde
el principio en la operación.
La decisión estaba tomada. El 30 de Marzo de 1791, un Luis XVI
prácticamente desposeído de todo poder, sancionó
con su firma el proyecto de la Academia de Ciencias y se encargó
a los topógrafos Pierre
François André Méchain y Jean
Baptiste Joseph Delambrede llevar a termino la medición
del meridiano.
Los dos sabios se repartieron el trabajo: Delambre se quedó la
parte del Norte desde Dunkerque hasta Rodez y el resto hasta Barcelona
quedó asignado a Méchain.
 |
La técnica
a utilizar sería la de la triangulación geodésica.
Se trazaría una cadena de triángulos, los vértices
de los cuales serían montañas situadas a lo largo del meridiano
y se calcularía sus dimensiones a partir de la medición
de dos "bases" o longitudes de entre 6 y 10 Km., cuidadosamente
medidas por medio de reglas ajustadas sobre la medida del patrón
más perfecto que existía en Francia: la denominada "toesa
de la academia" que materializaba la longitud de la toesa, o medida
nacional francesa hasta la adopción del metro.
Había, pues, de decidir que cimas serían los vértices
de los triángulos, subir a las cimas de las montañas y medir
desde ellas los ángulos que formaban las cimas vecinas. Méchain
decidió empezar por la parte española. El 22 de Abril de
1792 se solicitó la colaboración de Carlos IV, rey de España,
que aceptó y asignó a la operación dos matemáticos
civiles: José Chaix, vicedirector del observatorio de Madrid, y
Juan de Peñalver. A ellos se unieron los marineros José
González, capitán además del bergantín "Corzo",
también puesto a disposición de los científicos,
y los oficiales Francisco Planes, Miguel Bueno y Miguel Alvarez.

La
medición en els Països Catalans
Méchain llegó
a Barcelona el 10 de Julio de 1792. Se encontró con González
y juntos establecieron el plan de trabajo. Se escogieron las montañas
entre Barcelona y los Pirineos que serían los vértices de
los triángulos catalanes y se discutió un nuevo proyecto
que los españoles propusieron al astrónomo francés:
Si el arco terminase en Mallorca en lugar de hacerlo en Barcelona, su
mitad estaría situada más exactamente sobre el paralelo
45. De aceptarse la propuesta habría que bajar hacia el Sur para
escoger montañas adecuadas para trazar nuevos triángulos,
y pasar a Mallorca para encontrar las montañas desde las que se
viesen las cimas de la sierra costera catalana, además de realizar
una triangulación interna de las islas Baleares.
La idea de la prolongación del arco hasta las Baleares, y más
concretamente, hasta la pequeña isla de Cabrera no era original
de Méchain ni de González. La había propuesto ya,
al inicio de los trabajos en Francia, el marinero y astrónomo José
de Mendoza, que estaba en París y se había unido a los miembros
de la academia que preparaban el nacimiento del nuevo sistema métrico.
Méchain llegó a España sin autorización para
llevar a cabo esta prolongación, pero la recibió, en carta
de la Convención Nacional francesa, hacia el 27 de Octubre de 1792.
Hasta aquel momento franceses y españoles ya habían reconocido
y empezado a medir los triángulos que se soportaban en las cimas
del pico de Calmelles, Mare de Déu del Mont, Puigsacalm, Rocacorba,
puig Rodó, Matagalls, Montserrat, Mont Mates, Vallvidrera, o Santa
Creu de l'Olorde y Montjuïc, la estación más meridional
de la primera de las cadenas proyectadas, ya a las afueras de Barcelona,
en la cual Méchain acabaría la medición de ángulos
el 29 de Octubre.

Castillo de Montjuïc de Barcelona (Foto: J.M. Jerez)
|
Méchain empezó
a determinar el azimut de uno de los lados del último triángulo
de la cadena y la latitud de un punto, en el foso del castillo de Montjuïc,
que seria el extremo meridional del arco previsto. Después de las
primeras mediciones de azimut y latitud, volvió con González,
convertido en virtual director de operaciones por parte española,
y el resto de los científicos, a las estaciones del Norte para
concluir la medición definitiva de los ángulos entre los
vértices de los triángulos establecidos.
Una vez todos los expedicionarios de regreso a Barcelona, ya el Diciembre
de 1792, González pasó a Mallorca con el Corzo para efectuar
un reconocimiento de las montañas y alumbrar reverberos (una combinación
de espejos y fuego) en sus cimas, con el objeto que Méchain comprobase
si era posible medir un gran triángulo sobre el mar, operación
antes nunca realizada.
Desde la cima
del puig Major de Mallorca, la noche del 16 de Diciembre, González
encendió un reverbero orientado hacia Montjuïc, que Méchain
percibió con su telescopio pero no con las lentes de su instrumento
de medición de ángulos, el círculo de Borda. Méchain
decidió que, con los instrumentos que disponía, no era posible
la unión geodésica de las Baleares con la cordillera costera
catalana, al Norte de Barcelona. El astrónomo concluyó las
operaciones de determinación de la latitud de Montjuïc y se
preparó para volver al Norte, pasar a Francia y unir la cadena
de triángulos española con las estaciones del otro lado
de la frontera.
Pero un acontecimiento
imprevisto alteró sus planes. El 21 de Enero de 1793 Luis XVI era
guillotinado en París y corrían vientos de guerra entre
Francia y España. El capitán general de Cataluña
le permitió seguir sus operaciones en tierras catalanas pero le
prohibió acercarse a la frontera para que sus actividades en las
cimas de las montañas no pudieran interpretarse como acciones de
información y espionaje.
Reducido a la inactividad, Méchain utilizó su ocio en la
realización de varias observaciones astronómicas, como el
eclipse de luna del 25 de Febrero de 1793 y visitando algunos intelectuales
catalanes, mientras enviaba uno de sus colaboradores de confianza, Tranchot,
ingeniero geógrafo, a las montañas del Sur para buscar lugares
más propicios para la unión con las Baleares. Fue en el
transcurso de una de estas visitas, a la finca de un medico, posiblemente
Francesc Santpons i Roca, para observar el funcionamiento de una máquina
hidráulica, cuando tuvo un grave accidente que le obligó
a permanecer en cama durante cinco meses.
La guerra con Francia, que se declaró el 7 de Marzo, seguía
en su apogeo, a pesar de ello, Méchain consiguió permiso
para terminar las estaciones en las fronteras pero no para volver a Francia;
entretanto Tranchot, arriesgando su vida, cruzó la frontera para
preparar las estaciones de las vecinas montañas francesas que conectarían
las triangulaciones de los dos países.
El 3 de Noviembre de 1793, las últimas mediciones angulares en
tierras catalanas estaban terminadas. En ese mismo año, con la
medición definitiva aún por precisar, se construyó
un patrón provisional que daba la medida del metro a partir de
datos geodésicos incompletos. Dos años después, el
1795, Francia adoptó oficialmente el sistema de medidas basado
en el metro.
De retorno a Barcelona
y ante la imposibilidad de volver a su país, impedido también
de acceder al fuerte de Montjuïc, zona militar en tiempos de guerra,
Méchain se entretuvo calculando la latitud de la terraza de su
habitación en la fonda donde se hospedaba, denominada Fontana d'Or,
situada en la calle Escudellers. Por medio de una pequeña cadena
de triángulos geodésicos, pretendía unirla a su primer
punto de observación en Montjuïc y comprobar así la
latitud anteriormente determinada. La discrepancia entre las dos determinaciones,
de aproximadamente 3 segundos de arco, no comunicada por Méchain
a la comisión que realizaría posteriormente los cálculos
del meridiano, sería motivo de críticas a la labor del astrónomo.
A finales del 1794,
el nombramiento de un nuevo capitán general más favorable,
permitió a Méchain abandonar Cataluña rumbo a Italia,
desde donde retornó a Francia. El astrónomo se detuvo en
Marsella, donde permaneció durante medio año con varias
excusas. Desde allí, y sin volver a París, conmovido por
la revolución y el terror, se dirigió a la parte francesa
de los Pirineos para terminar la cadena de triángulos. En las mediciones
desde las cimas del puig de Calmelles y del Puy de l'Estella, última
estación en España y primera en Francia, hasta Rodez tardó
casi tres años, entre constantes peticiones y reclamaciones de
sus compañeros de operación que estaban en París.
Delambre mismo, acabada la base que había de medir en Melun, cerca
de París, tubo que viajar al Sur para encargarse de la medición
de una base de comprobación en Perpinyà que, con la ya medida,
constituía la pieza clave para el cálculo de la longitudes
de los lados de los triángulos geodésicos y su proyección
sobre el meridiano.
Finalmente, Méchain y Delambre se reunieron en Carcassona y juntos
retornaron a París a finales del Agosto de 1798 con los datos de
las mediciones efectuadas entre Barcelona y Dunkerque. El Noviembre se
reunieron por primera vez los delegados de los países que habían
aceptado la invitación de Talleyrand, nombrado ministro de asuntos
exteriores de Francia, para colaborar en los cálculos y operaciones
necesarios para determinar los patrones del nuevo sistema métrico,
entre los cuales había los españoles Gabriel Ciscar y Agustín
de Pedrayes. Durante seis meses se efectuaron los trabajos necesarios
para determinar matemáticamente la longitud de la diezmillonésima
parte del cuadrante del meridiano de París, el metro, y los patrones
de capacidad, un decímetro cúbico o litro, y peso, el peso
de un decímetro cúbico de agua destilada, el kilogramo.
Finalmente, el 22 de Junio de 1799, el representante de Holanda, Van Swinden,
leyó ante todos los delegados las conclusiones finales. Después
de largos cálculos y algunas concesiones poco justificadas, se
decidió que el metro, la diezmillonésima parte del cuadrante
de un meridiano terrestre, mediría 3 pies de rey, 11 líneas
y 296 milésimas de línea, casi 0,32 milímetros más
corto que el metro provisional calculado el 1795. Una toesa francesa de
seis pies valdría 1,9490366 metros.
Una ley de 19 frimario del año 8 de la República Francesa
(10 de Diciembre de 1799) firmada por el primer cónsul, Napoleón
Bonaparte, lo establecía para siempre con el lema: "Para
todos los pueblos y para todos los tiempos". Había nacido
el metro definitivo y el nuevo Sistema Métrico Decimal.
Comprobación
de la exactitud del metro
En el informe de Van
Swinden, no obstante, no se dan por cerradas las operaciones emprendidas
en Cataluña. Recordando los planes de Méchain para extender
la medición hasta a Cabrera, concluyó su relato sobre las
operaciones en la parte Sur del arco de meridiano con unas palabras proféticas:
"...Esperamos que circunstancias favorables permitirán ejecutar
un día lo que hasta ahora no se ha podido efectuar."
Estas circunstancias se dieron en el 1802. En las actas del Bureau
des Longitudes, el organismo francés encargado de la astronomía
y la geodesia, del día 31 de Agosto de 1802, se recoge la noticia
que uno de sus miembros, sorprendentemente no identificado, propone continuar
las operaciones geodésicas en España. Méchain, en
aquel momento capitain concierge o responsable del Observatorio
de París, fue invitado a dar su opinión. Consecuencia de
todo ello fue un informe al ministro del interior, con un plan de trabajo
preciso, en el cual se proponía llegar con la triangulación
hasta Eivissa, bajando por las montañas catalanas hasta Tortosa
para encontrar puntos desde los cuales se pudiera percibir esa isla. La
utilidad de la operación se justifica con argumentos matemáticos
orientados a obtener una mayor exactitud en la determinación del
metro, ya que se mediría el metro definitivo eliminando los artificios
matemáticos a que se había tenido que recorrer debido al
imperfecto conocimiento que se disponía sobre el aplastamiento
de la Tierra. Al mismo tiempo, y a pesar de las reticencias de otros astrónomos
que preferían alguien más joven, reclamó para si
mismo el cargo de Jefe de la expedición.
El 13 de Octubre de 1802 Méchain recibió la orden de viajar
a Barcelona y a las Baleares. Se solicitó al rey de España
el permiso y la colaboración y se aportaron los fondos y el personal
necesario. Obtenido el acuerdo del gobierno español, que nombró
para acompañar a los franceses un oficial de marina, Pascual Enrile
y de nuevo a José Chaix, Méchain se preparó para
viajar a Barcelona. El 5 de Mayo de 1803, después de un agradable
viaje, llegó a la ciudad Condal con tres acompañantes y
se dispuso a cumplimentar el capitán general de Cataluña,
el Conde de Santa Clara.
Observatorio
de París segle XVIII
|
Si en el primer viaje
todo habían sido facilidades, en este todo eran demoras. El capitán
general no había recibido órdenes de Madrid; el barco prometido,
al mando del oficial Enrile, estaba parado en Cartagena y el tiempo favorable
para las observaciones sobre el mar, antes que los calores del verano
las hiciese imposibles, pasaba inexorablemente. Un Méchain desesperado
escribió a su embajador en Madrid para que agilizase las autorizaciones
de la corte y mientras, con autorización del capitán general,
bajó por la costa para reconocer las montañas más
favorables. El 17 de Agosto de 1803 observó desde Tortosa un eclipse
de Sol. Una tras otra, fue subiendo a las montañas más altas
del Sur de Cataluña con la esperanza de ver desde ellas les islas.
Falto de medios para ir a las islas, empezó con sus colaboradores
una serie de mediciones de triángulos durante los meses de Septiembre
y Octubre de 1803. Desde el Montsià, al Sur del Ebro, pasó
a Llaberia, al Norte de Tortosa y desde este lugar a Sant Joan, cerca
de Altafulla, al puig de la Morella, en el macizo del Garraf y, finalmente,
a la cima de Montserrat ya utilizada, que con la estación del Mont
Alegre de Matas, permitía unir esta nueva cadena de triángulos
con la medida el 1792.
Entretanto, el barco de Enrile, que se acercaba a Barcelona, fue desviado
a Menorca para guardar una cuarentena ante el temor que hubiese entrado
en contacto con otros barcos infectados de fiebre amarilla. Méchain
intentó sin éxito conseguir otro barco. Chaix, cansado y
reclamado por asuntos en Madrid, le abandonó y el astrónomo
francés aceptó la colaboración de un fraile profesor
de matemáticas barcelonés, Agustí Canelles i Carreres
y de un noble valenciano, astrónomo aficionado, Faust Vallés
i Vega, XII barón de la Pobla Tornesa y la Serra d'en Galceran.
Reducido a la inacción, Méchain decidió proseguir
hacia el Sur, hacia el Reino de Valencia, para determinar si desde sus
montañas era más fácil la visión de las islas.
Con el barón de la Pobla Tornesa subió a una de sus propiedades,
el macizo del Desert de les Palmes, al Norte de Castelló, desde
el cual a menudo se ve Eivissa. Con el barón descansó en
sus casas solariegas de Pobla Tornesa y Castelló hasta que se le
comunicó la disposición de otro barco. Volvió a Barcelona
y el 8 de Enero de 1804 embarcó hacia Eivissa, donde consiguió
llegar, después de una complicada travesía llena de aventuras,
el día 15.
Al subir a las montañas de Eivissa comprobó la dificultad
de ver la costa catalana. Dos planes se le presentaban: unir las islas
a través de Mallorca con un gran triángulo descansando en
los vértices del Montsià, Desert de les Palmes y puig Major
y, desde allí cerrar una triangulación interna de las islas,
o bien a través de Eivissa, bajar aún más hacia el
Sur por la costa valenciana, llegando hasta Cullera o incluso el Montgó,
cerca de Dénia. Pasó a Mallorca, subió al puig Major,
que él denominaba Silla Torrellas y que entonces se conocía
como Sella de Son Torrellas, y se decidió. Uniría Mallorca
con los picos del Desert, Montsià y el puig de la Morella, mediría
una base de comprobación en Mallorca y realizaría una triangulación
interna de las islas para llegar a Eivissa y Cabrera, apoyándose
en la montaña dels Masons y en una loma de esta pequeña
isla.
En ese momento le llegaron las respuestas a las repetidas cartas que había
mandado a París explicando sus planes. El Bureau des Longitudes
le ordenaba unir la cadena costera con las islas a través de Eivissa
y Cullera, midiendo una base en un lugar conveniente cerca de esta última
población.
Un Méchain agotado no se atrevió a contradecir a sus compañeros
de París. Se embarcó hacia València, donde llegó
a finales de Abril de 1804 para alojarse en la casa valenciana del barón
de la Pobla Tornesa, con el cual descansó, realizó mediciones
astronómicas, como la determinación de la latitud del Miquelet,
la torre de la catedral de València, y buscó un lugar idóneo
en la Albufera, un lago situado entre València y Cullera, y en
las marismas del puig de Santa Maria, al Norte de València, para
medir su base. Después recorrió de nuevo las montañas
valencianas, la Casueleta, al Este de Cullera, un pico en la sierra de
Espadan, el Desert, la Muela d'Ares, sobre esta población del Maestrat,
la peña de Bel, cerca de Rossell y la Sénia, el Mont Caro,
cerca de Tortosa y el pico de Llaberia.
Decididas las estaciones de su cadena, vuelve a Cullera para empezar a
medir y descubrió que desde el punto más alto de la montaña
cerca de la población era extremadamente difícil ver claramente
las montañas de Eivissa. Empezó a medir la cordillera costera
y pasó a la Casueleta, al puig de Santa Maria, donde según
parece se contagió de paludismo por los mosquitos de las marismas
y en la sierra de Espadan. En Espadan cayó enfermo, se agravó
su estado y finalmente fue bajado a Castelló, a la casa del barón
de la Pobla Tornesa, en la actual plaza de Cardona Vives, donde murió
entre los brazos de este, el 20 de Septiembre de 1804.
Una de les glorias de la astronomía francesa está enterrada
en el cementerio de Castelló.
Un viaje científico, convertido en impresionante y desgraciada
aventura, terminó. Sus ayudantes volvieron a Francia con la mayor
parte de los instrumentos y los cuadernos de notas de Méchain,
dejando otros en previsión de una posible reemprendida de los tan
trágicamente interrumpidos trabajos.

Continuación
de los trabajos de Méchain
Si en el 1802 aún podía tener algún interés
comprobar la exactitud del metro, en el 1806 este problema ya era irrelevante.
Los problemas del metro eran más de implantación que de
exactitud. El mundo científico ya había asimilado la lección
que la Tierra no es un elipsoide perfecto, que todos los meridianos no
son iguales y que el metro legal era meramente una distancia entre dos
líneas.
El problema científico más actual en la época, pues,
era básicamente el tener buenas medidas de arcos sobre la Tierra
que de ajustar aún más exactamente el valor del metro. En
este ambiente, Laplace, el científico más influyente de
Francia, solicitó directamente al emperador Napoleón la
continuación de las mediciones de Méchain en Cataluña,
València y las Baleares para prolongar el meridiano de París.
La propuesta, naturalmente, fue bien acogida y se designó a Jean
Baptiste Biot,, científico ya reconocido, y a un joven
secretario del Observatorio de París, Jean
François Dominique Aragó, natural de Estagel, en
el Rosselló, y de habla catalana, para continuar los trabajos de
Méchain. El 20 de Septiembre de 1806, justo dos años después
de la muerte de Méchain, llegaron a Barcelona acompañados
por un matemático español asignado a la operación
y que estaba en París, José Rodríguez González,
se entrevistaron con el conde de Santa Clara, recibieron los permisos
y continuaron hacia Tarragona y València.
|

Mola de s'Esclop (926 m) sierra de Tramuntana (Mallorca)
|
Restos de la
cabaña utilizada por François Aragó en la cima
de la Mola de s'Esclop
|
En València
se reunieron con José Chaix, de nuevo asignado a la operación
del meridiano y durante casi dos años recorrieron las montañas
del Sur de Cataluña, València y Baleares en otra interesante
aventura científica y humana que Aragó explicará,
al final de la su vida, en su Historia de mi juventud. El fruto
de la aventura sería la efectiva prolongación del meridiano
de París desde Barcelona a la isla de Formentera, la comprobación
que el valor del metro deducido del nuevo arco a penas variaría
en dos milésimas de milímetro y un proyecto que tardaría
tres cuartos de siglo en realizarse: la prolongación del meridiano
hasta las costas de Argelia .
A lo largo del siglo XIX muchos estados implantaron oficialmente el nuevo
Sistema Métrico Decimal, pero fueron muy pocos los que le adoptaron
en la vida cuotidiana. En España, el Sistema Métrico Decimal
se implantó legalmente por Real Orden de 15 de Abril de 1848 y
se hizo obligatorio para todos los españoles el primero de Enero
de 1860. Pero a pesar de las leyes promulgadas, casi todo el mundo continuaba
usando las medidas que había hecho servir toda la vida.
Durante la segunda mitad del siglo XIX convivían los dos sistemas
de medida, hasta que poco a poco, gracias a la educación y a las
ventajas unificadoras del nuevo sistema, se adoptó definitivamente
el metro y sus derivados en casi todos los ámbitos donde había
alguna cosa para medir.
 |
Barcelona, Montjuïc,
las montañas catalanas, valencianas y baleares y muchos de sus
lugares más característicos, entran así a formar
parte de la historia del metro, aunque para muchos catalanes el único
recuerdo de estas fantásticas aventuras lo constituyan los nombres
de dos calles, la avenida Meridiana y el Paral·lel, que tantos
transitan sin saber que la su historia está tan ligada a la del
metro que usan frecuentemente.

Información
sobre algunos colaboradores de los Països Catalans que tuvieron los
científicos franceses que efectuaron la medición del meridiano.
Canelles
i Carreres, Agustí
Ciscar i Ciscar, Gabriel
Chaix Isniel, Josep
de Martí i Franquès,
Antoni
Salvà
Campillo, Francesc
Santponç i
Roca, Francesc
Vallés i Vega,
Faust
Actuaciones
relacionadas con la conmemoración de la medición del meridiano
de París
Cima
del Puigsacalm
 |
Al
pie del vértice geodésico situado en la cima del Puigsacalm
hay una placa conmemorativa de los 200 años de las mediciones.
(Foto: J.M. Jerez) |
Playa de Ocata (El
Masnou)
|

|

|
|
En la playa
de Ocata, en el municipio del Masnou, el 23 de Septiembre del 2003
se puso una placa que sitúa el paso del meridiano de París
por este punto.
En esa
fecha se efectuó la presentación de la guía
de la ruta del Meridià Verd en esta población.
Fotos: J.M. Jerez
|
|
Muelle de Pescadores
(Barcelona)

|
|
En
la torre del Rellotge, en el muelle de Pescadors de la Barceloneta
(Barcelona), hay una placa del 1999 conmemorativa de los 200 años
de las mediciones.
(Foto: J. M. Jerez) |
Castillo de Montjuïc (Barcelona)
|
|
 |
Hay
una placa conmemorativa de los 200 años de las mediciones en
la torre de base del palo de la bandera que corona el recinto.
(Foto: J. M. Jerez) |
 |
La obra de Valérie Berjeron "La talla mètrica
de la natura", que asocia el metro lineal a su correspondiente
tiempo natural.
Al extremo nordeste del foso del castillo, con a una bella vista sobre
el mar, alrededor de una torre de hormigón de 9 metros de alto
es plantaron tres árboles de diferentes ritmos de crecimiento:
una encina (Quercus suber), un albericoquero (Prunus armeniaca) y
un albor blanco (Populus alba bolleana). (Foto: J. M. Jerez
|
Plaza de las Glòries
Catalanes (Barcelona)
|
|
| En
el centro de la plaza de las Glòries Catalanes hay un monumento
al meridiano, obra de los escultores parisinos François Scali
y Alain Domingo que representa a escala el perfil terrestre del meridiano
de París. Es de acero, mide 35 metros de largo por 1,75 de
alto en el punto máximo y fue inaugurado en el 1992. (Foto:
J. M. Jerez) |
Vallfogona de Ripollès
 |
En
la población de Vallfogona de Ripollès hay un paseo
con un monolito dedicados al Meridià Verd. (Foto: J. M. Jerez) |
Señalización
de la ruta del Meridià Verd
Plafón explicativo del meridiano situado al Sur de la sierra
Cavallera (Foto: Jordi Embodas)
|
|
Señalización vertical de la ruta
(Foto: J. M. Jerez)
|
Señaltzación
horitzontal de la ruta (Foto: J. M. Jerez)
|

Señalización con pegatinas en los núcleos urbanos
|

Enlaces
relacionados con el Meridiano de París
El metro por tierras
catalanes
http://www.uv.es/~ten/metro.htm
El metro en Barcelona
http://www.astrogea.org/ipa/galeria/bcnmetro/index.html
El Meridià
Verd en França
http://www.icilacreuse.com/carte/meridien/
http://www.ville-rungis.fr/corps_merid.htm#paris
http://www.apgi.net/andouque/nouveaut.htm
http://www.ac-clermont.fr/actualit/pedago/2000france/piquenique.htm
http://www.chez.com/t3m/doc-douzet-meridien-zero.htm
http://saint.martin95.free.fr/lameridienneverte.html
http://smdsi.quartier-rural.org/meridiv/meridiv.html
http://perso.wanadoo.fr/arverne.03/huriel/meridienne.html
http://www.espace-ecoles.com/animation/info/la_meridienne_verte.htm
http://www.aude.pref.gouv.fr/actualite/act-br-meridienne.htm
http://www.obs-nice.fr/bijaoui/Arago/sld082.htm
http://gallica.bnf.fr/anthologie/notices/00414.htm
Un metro de historias
http://www.el-mundo.es/larevista/num184/textos/metro1.html
Departamento de
Metrología
http://www.metrologia.csic.es/defmetro.HTML
Antecendentes del
metro
http://www.culturaclasica.com/cultura/sistema_metrico.htm

|
|